A lo sumo, el camino menos malo

El camino que propone el movimiento de ciudadanos, técnicos y otros, de legalización total de la marihuana, tanto en lo que tiene que ver con el consumo, la tenencia y la comercialización, es a lo sumo el menos nocivo, si partimos de la realidad instalada en nuestros días.

Lo que se propone, no de ahora, sino desde hace varios años atrás – no olvidemos que el primero en hacerlo fue el entonces flamante presidente de la República Jorge Batlle – es asumir una realidad que nadie quiere admitir públicamente, aunque todos sabemos de su existencia y de su alcance.

Entendemos perfectamente bien y compartimos el hecho de que quizás la libertad de vender y consumir, puede ser la mejor forma de sacar a los consumidores que hoy necesariamente deben caer en las denominadas “bocas de expendio”, todas ellas dominadas por delincuentes, traficantes en menor o mayor grado.

Depender de alguna forma de esta gente significa un alto riesgo de ser sometido directa o indirectamente a situaciones y condiciones que probablemente la mayoría de estos consumidores no quisieran estar sometidos.

Incluso en nuestros días, arriesgan ser detenidos y sometido a la Justicia, aún cuando no sean más que consumidores.

Se promueve, el cultivo personal, como una medida para liberarse de las garras de estos delincuentes.

En lo personal, compartimos la medida que se propone,  pero entiéndase bien, sólo como la salida menos dañina a una realidad inocultable.

Pero que quede claro, estamos eligiendo entre la parrilla y las brasas. No es buena cosa para una sociedad liberar el consumo de droga alguna, ni sirve de argumento válido, que “hay otras drogas de consumo libre”, como el alcohol, que está presente en la mayoría de los delitos que se cometen, o el cigarrillo mismo.

Somos en este tema de pensamiento totalmente “tradicional”. Lo mejor para cualquier comunidad es trabajar con valores sanos, incentivar el deporte, incentivar la educación, el arte, diferentes formas de expresión, de cultivo de la persona y de los valores sociales y no el escapismo que se procura a través de los estupefacientes, cualquiera de ellos, menos o más graves.

Somos  de los que creemos en la cultura del espíritu de sacrificio personal, del tiempo del cultivo del conocimiento, del aprendizaje y sobre todo del cultivo de los valores espirituales, intangibles pero verdadero basamento de la conducta humana.

Que quede claro, compartimos las medidas que se propone, por una suerte de atención a la gente que consume, pero que inevitablemente, para nosotros, es gente enferma, que tiene al menos una confusión existencial que le obliga a refugiarse en alguna droga y eso no es bueno para nadie.

Trabajemos para que sean los menos posible, no es cuestión de facilitar el acceso a las drogas, sino de preparar a nuestros niños y jóvenes para que tengan claro que ninguna adicción es buena, ya sea a la marihuana, a la bebida alcohólica o a la torta frita…

Lo más sano es y será siempre, el dominio íntegro y total sobre nuestra persona, sin tener que recurrir a droga alguna.

¡Que conste!.







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