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A propósito de Daymán

Si bien al verlas desde la distancia frecuentemente las cosas se suelen sobredimensionar, exagerar y aumentar las preocupaciones, en contrapartida, ocultar la realidad es lo peor que puede hacerse cuando se trata de buscar atención a los problemas.
Recientemente nos hemos ocupado de la situación que ha pasado a ser frecuente en Termas del Daymán, donde aumenta la inseguridad, donde hay evidentemente descuidos, desidia y deterioro en varios aspectos.
No llegan a ser determinantes para la paz y el sosiego que sigue ofreciendo el lugar, pero evidentemente ya no es la misma realidad y si no se adoptan las medidas necesarias a tiempo, podría llegarse a situaciones muy lamentables.
Difundir públicamente la situación ha tenido defensores y detractores. Algunos correos electrónicos, de los tantos que felizmente se reciben a diario en EL PUEBLO, nos dan idea de lo que puede llegar a entenderse, exageradamente.
Aún así, la realidad indica que la situación de Termas del Daymán necesita urgente atención.
Que sepamos nadie ha negado esta realidad, al menos con argumentos valederos, que pudieran indicar que lo que se afirma es falso.
Por lo tanto frente a esta realidad quienes tienen responsabilidad en el asunto pueden tener básicamente dos actitudes.
Hacerse los “distraídos”, disimulando la cuestión, tratando de dar a entender que “no pasa nada”, que nadie ha dicho nada, ni se queja de nada.
Esta actitud sería necia, sería lo mejor que puede hacerse para fomentar el deterioro de una situación que ya hoy tiene un costo muy grande.
Lo otro, es más complicado, más difícil, pero también lo más responsable y lo mejor que puede hacerse.
Se trata de asumir el funcionamiento de los servicios correspondientes. Nada más que hacer cumplir las normas, todas las normas existentes que hoy no se cumplen.
Tiene que ver con la limpieza y la higiene del lugar, con la vigilancia, con la exigencia de las disposiciones existentes y profusamente establecidas mediante cartelería y similares.
Es sencillo, no decimos que fácil, pero también imprescindible para quien tiene la responsabilidad por mantener el lugar en las  mejores condiciones posibles en todos los aspectos.
En definitiva, que cada cual cumpla debidamente con la función que le corresponde, que hoy no se cumple.
Ha buen entendedor…
¿Será mucho pedir?.
Alberto Rodríguez Díaz.