A propósito de la atención al visitante

En la vorágine de lo que se vive en nuestros días, en que la ciudad y el departamento reciben la mayor cantidad de visitantes en todo el año, es importante formular varias puntualizaciones.
En primer lugar, reafirmamos nuestra convicción de que la primera imagen que deja en el turista el lugar que se eligió para visitar en esta época, es la más importante. Ello tiene que ver con la imagen que recibe el turista al ingresar al departamento que será su anfitrión en estos días y en el caso específico de Salto, el centro de atención más importante en cuanto al recibimiento de visitantes extranjeros es el puente internacional de Salto Grande y la ruta de acceso desde allí a la ciudad, que constituye la exruta, hoy avenida Luis Batlle Berres y por la que ingresa el grueso de los turistas argentinos e incluso algunos paraguayos y chilenos.
Durante varios años este tramo de ruta mostró un estado calamitoso. Con más baches que carretera en buen estado y otros descuidos, como animales sueltos y demás.
Felizmente hace un par de años que se logró su recuperación y aún cuando no se haya constituido – a nuestro entender – en la ruta de acceso a la ciudad que debería tener una ciudad turística, como pretende ser Salto, hoy la ruta está al menos en muy buenas condiciones, con el señalamiento debido y al menos no deja la pésima imagen que dejaba años atrás al recibir al visitante.
Cierto es que existe una alternativa, la ruta del nuevo acceso que siempre ha estado en buenas condiciones, pero esto significa transitar alrededor de 20 kilómetros más para quienes vienen a la ciudad de Salto.
El segundo punto, tan vital como el primero, es el hecho de la acogida, el buen trato, la amabilidad que debemos dispensar siempre al visitante, porque dejar en él una buena impresión es vital para el objetivo primordial que es su deseo de volver.
Seguramente que entre quienes nos visitan hay también casos de gente que se queja, que protesta por cualquier minucia e incluso que rezonga frecuentemente con o sin razón, actitudes que podrían despertar en nosotros deseos de reacción.
Esto es lo que debemos evitar, vale decir que quienes deben estar preparados incluso para soportar en determinada medida la impertinencia del visitante, es su anfitrión, el que está brindando el servicio.
Quienquiera que opte por ser el receptor del turista, debe poner “buena cara” siempre, aún en los casos de mayores disgustos. Seguramente que todo tiene su límite. Pero sólo de esta manera podremos reconocer a la buena gente, al visitante culto y educado a quien nos interesa servir debidamente y a su vez este sabrá valorar el servicio que le estamos ofreciendo.