Abrir los ojos a tiempo

El tema de la seguridad, hoy manejado generalmente como “inseguridad” se va agravando aceleradamente y la visión sobre él también se ha politizado en tal medida que impide verlo en toda su realidad.
Sin desconocer que se trata del talón de Aquiles (punto más débil del guerrero de la mitología griega), entendemos que enceguecerse en desconocer la realidad es tan nefasta como exagerarla tratando de sacar provecho de la percepción popular de ella.
Hoy es inocultable que la población tiene miedo, un miedo justificado porque ya sea por exageración de las condiciones en que se vive o por simple asunción de la realidad, se vive pendiente del tema.
En la calle desconfiamos de todo y de todos, miramos con recelo a quienes se nos acercan y proliferan las rejas, las alarmas, los alambres de púas y demás.
Lamentablemente todos los días los medios de comunicación nos informan sobre hechos delictivos que décadas atrás ni soñábamos que podíamos llegar a vivir.
Seguramente que quienes marcan la senda de los medios de comunicación también juegan su rol, consciente o inconscientemente, ya sea por ideología, por conveniencia o intereses o simplemente por ignorancia del verdadero rol y la preponderancia que tienen los medios sobre la comunidad.
Pero una cosa es innegable. Los hechos indican que hoy se roba, se manejan armas de fuego en la vía pública y hasta se mata alevosamente por parte de la delincuencia y esta en alguna medida se siente “protegida” por las leyes, por la debilidad del sistema, por la desprotección de quienes tienen por misión su combate. Por esto exhortamos a abrir los ojos a tiempo.
No podemos entender como uno de los “cabecillas” de un reciente levantamiento en una cárcel de seguridad puede conseguir un “disfraz” de policía y estar a punto de concretar su fuga, sin que se explique de dónde sacó su “disfraz”, quién se lo proporcionó o cómo lo obtuvo.
Entendemos que hay aspectos de la investigación que no deben manejarse apresuradamente por parte de los medios, pero también consideramos ineludible que llegado el momento la población debe ser debidamente informada de todos los detalles, porque en caso contrario se está “jugando” precisamente para los intereses de los delincuentes.
En estas columnas hemos reclamado que se prohíba el uso del casco protector por parte de los motonetistas y se nos dirá que vamos a contramano de la seguridad en el tránsito y seguramente que es cierto, aun cuando sumamos nuestra voz a los primeros reclamos de la imposición de la obligatoriedad del casco.
Pero una cosa es cierta. La prudencia es la que “manda” en estos casos y aun cuando sabemos que la eliminación del casco no será una solución “de raíz” al problema, es al menos quitarles un elemento asiduamente usado en sus fechorías.
A.R.D.







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