Aceptar las derrotas como parte del deporte es imprescindible

Los hechos registrados días atrás en el clásico del fútbol argentino han sido vergonzosos y han recorrido el mundo ubicándonos a los latinoamericanos como incapaces de encarrilar a los demanes que se registran a cargo de unos pocos desubicados.
Hechos similares se registran no sólo en Montevideo, donde tras un clásico de barrio, como lo es de Rampla y Cerro, ganado por éste, el vestuario de Rampla apareció pinturrajeado con leyendas insultantes y agresivas para sus propios jugadores.
Es una muestra más de intolerancia, de no saber asumir que en el deporte se compite, esto es, se puede perder o ganar.
Pero sin ir mas lejos, en nuestro ámbito también se ha dado una muestra de intolerancia que debe ser corregida rápidamente. Se nos dice que en la primera fecha del fútbol disputada en la noche del pasado miércoles, una de las hinchadas al dejar el estadio Dickinson fue apedreada por la hinchada de otro equipo, que ni siquiera había sido su rival esa noche.
Çes una muestra cabal de intolerancia, de la concepción que tenemos hoy del deporte donde no está permitido perder.
Se está matando el espíritu mismo del deporte, es decir el hecho que competir significa dar lo máximo que se pueda en pos deltriunfo, pero sin que este esté asegurado y por lo tanto sin descartar la posibilidad de una derrota.
Y una derrota deportiva no es fin del mundo, no se lo puede tomar como algo inadmisible, es sencillamente una circunstancia factible siempre que se compite.
No podemos admitir que se la tome como cuestion de vida o muerte porque en este caso estaríamos negando el espíritu deportivo y dando paso a la generación de violencia.
Si quien compite en un deporte no está dispuesto a aceptar una derrota no puede ser aceptado dentro de éste porque se estaría negando precisamente la génesis y razón de ser misma del deporte.
Ahora bien, en buena medida quienes nos desempeñamos en los medios de comunicación masiva tenemos una gran responsabilidad de que sea así, porque muchas veces hemos oído una subrepticia acusación a quien es favorecido por un fallo que condena las acciones de violencia cuando se puede probar que el autor pertenece a determinada hinchada. “Los partidos se ganan en la cancha…”, escuchamos muchas veces.
Esto indirectamente significa una acusación a quienes condenamos la violencia. Pretender que las competencias se dirimanen la cancha, sea cual sea la situación es irracional, pasa por alto la gravedad de los hechos de violencia y sencillamente no estamos de acuerdo.
La violencia y los violentos deben ser erradicados del deporte.







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