AFE es una carga pesada de movilizar

Uruguay pasa por un momento auspicioso en cuanto a la producción y el desarrollo de algunos rubros, ganadería, agricultura, forestación, entre otros.
Además, existen megaproyectos, como el puerto de aguas profundas y la minería a cielo abierto que de concretarse prometen una intensificación de esta actividad.
Ahora bien, en todos los casos, sacar la producción hasta los puertos supone utilizar infraestructura vial, porque esto se hace casi exclusivamente mediante el transporte carretero.
Pero Uruguay no tiene una infraestructura adecuada ni se ha preparado para enfrentar una situación de este tipo, al punto que los técnicos coinciden en que las carreteras actuales serán inexorablemente destruidas por las pesadas cargas que supone este intenso tráfico.
Los puentes no son lo suficientemente anchos ni fuertes como para soportar un tráfico de esta intensidad.
La opción para descongestionar las carreteras y evitar su destrucción sería el ferrocarril. Ahora bien, el transporte ferroviario en nuestro país está en la ruina. Fue desmantelado y arruinado por diversos factores que no vienen al caso analizar hoy aquí, pero sí puntualizar algunos de ellos.
Al mismo tiempo que moría AFE, como una empresa estatal atascada y condenada por falta de inversiones y mantenimiento, florecía el transporte carretero, su competencia directa.
La paradoja en este sentido es que mientras AFE depende exclusivamente de las inversiones del Estado, y por lo tanto el mantenimiento de la infraestructura total o parcialmente debe salir también de la explotación de este rubro, el transporte carretero utiliza una infraestructura que es pagada exclusivamente por el Estado, ya sea directamente o a través de las obras -como los peajes – que se conceden a empresas privadas que luego se resarcen de  las inversiones mediante el cobro de estos peajes por determinado tiempo.
La situación es conocida  por todos  los partidos políticos y gobiernos que han pasado luego del desmantelamiento de AFE, apenas recuperada la democracia. Es una cuestión que está más que suficientemente debatida.
La aspiración de los gobiernos de recuperar AFE total o parcialmente ha sido una coincidencia de todos los gobiernos, sin embargo hasta el momento la situación sigue siendo la misma.
AFE está estancada. Es más, se acaban de suspender algunos de los pocos servicios de corto recorrido que se habían recuperado en el área metropolitana.
Ni que hablar de la  escasísima actividad que mantiene el tren a través de la represa de Salto Grande, si es que aún queda alguna vigente.
Es que mover AFE no es sólo cuestión de voluntad y de convencimiento de que es necesario, sino que requiere de inversiones muy importantes y a la hora de procurarlas, quienes deben decidirlo prefieren “irse al mazo” y dejar las cosas varadas como hasta el momento, porque los intereses que le tienen sucumbida en la inanición son poderosos y por lo tanto es una piedra muy pesada para mover.
Esta es la cuestión.

Uruguay pasa por un momento auspicioso en cuanto a la producción y el desarrollo de algunos rubros, ganadería, agricultura, forestación, entre otros.

Además, existen megaproyectos, como el puerto de aguas profundas y la minería a cielo abierto que de concretarse prometen una intensificación de esta actividad.

Ahora bien, en todos los casos, sacar la producción hasta los puertos supone utilizar infraestructura vial, porque esto se hace casi exclusivamente mediante el transporte carretero.

Pero Uruguay no tiene una infraestructura adecuada ni se ha preparado para enfrentar una situación de este tipo, al punto que los técnicos coinciden en que las carreteras actuales serán inexorablemente destruidas por las pesadas cargas que supone este intenso tráfico.

Los puentes no son lo suficientemente anchos ni fuertes como para soportar un tráfico de esta intensidad.

La opción para descongestionar las carreteras y evitar su destrucción sería el ferrocarril. Ahora bien, el transporte ferroviario en nuestro país está en la ruina. Fue desmantelado y arruinado por diversos factores que no vienen al caso analizar hoy aquí, pero sí puntualizar algunos de ellos.

Al mismo tiempo que moría AFE, como una empresa estatal atascada y condenada por falta de inversiones y mantenimiento, florecía el transporte carretero, su competencia directa.

La paradoja en este sentido es que mientras AFE depende exclusivamente de las inversiones del Estado, y por lo tanto el mantenimiento de la infraestructura total o parcialmente debe salir también de la explotación de este rubro, el transporte carretero utiliza una infraestructura que es pagada exclusivamente por el Estado, ya sea directamente o a través de las obras -como los peajes – que se conceden a empresas privadas que luego se resarcen de  las inversiones mediante el cobro de estos peajes por determinado tiempo.

La situación es conocida  por todos  los partidos políticos y gobiernos que han pasado luego del desmantelamiento de AFE, apenas recuperada la democracia. Es una cuestión que está más que suficientemente debatida.

La aspiración de los gobiernos de recuperar AFE total o parcialmente ha sido una coincidencia de todos los gobiernos, sin embargo hasta el momento la situación sigue siendo la misma.

AFE está estancada. Es más, se acaban de suspender algunos de los pocos servicios de corto recorrido que se habían recuperado en el área metropolitana.

Ni que hablar de la  escasísima actividad que mantiene el tren a través de la represa de Salto Grande, si es que aún queda alguna vigente.

Es que mover AFE no es sólo cuestión de voluntad y de convencimiento de que es necesario, sino que requiere de inversiones muy importantes y a la hora de procurarlas, quienes deben decidirlo prefieren “irse al mazo” y dejar las cosas varadas como hasta el momento, porque los intereses que le tienen sucumbida en la inanición son poderosos y por lo tanto es una piedra muy pesada para mover.

Esta es la cuestión.







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