AFE: lo más difícil de remover no son las vías

La responsabilidad social del Estado, es uno de los temas más polémicos y a menudo también más debatidos en tiendas políticas.
A la clase dirigente y en especial a determinada clase política, con notorios privilegios frente al resto del pueblo, le suele rechinar que se gaste plata en atender necesidades sociales. Se cuestiona si hay retorno o no, si se controla que haya esfuerzos por salir de la situación de pobreza y si en realidad se trata de sensibilidad social o de “asistencialismo” y derroche de dinero.
La cuestión no es sencilla y para nosotros el quid de la cuestión está en los límites, en la responsabilidad social y en los objetivos.
Si tenemos claro esto, recién podremos hablar del sistema de atención a los problemas sociales, de las formas de control, de fiscalización y de los resultados. El tema de la recuperación del ferrocarril es uno de los relacionados en esta situación.
Los servicios del Estado, ya sea nacionales o municipales, deberían responder -desde nuestra óptica – a un concepto claro de servicio, precisamente y uno de los servicios que el Estado puede y debe proporcionar es el de dar un trabajo digno al máximo número de uruguayos que pueda y obviamente, sin tener en cuenta su pelo político.
Esto es lo justo, lo sano, lo que debe hacerse cuando se entienden bien las cosas.
Debe hacerse tanto con un servicio de ómnibus municipal, como  un servicio de transporte ferroviario, tanto de carga como de pasajeros.
Pero cuando hablamos de límites, pretendemos dejar claro, que el hecho de que una empresa sea estatal, esto es de todos, no quiere decir que deba dar pérdidas, que sus trabajadores sean descuidados o irresponsables. No es lo mismo que no tenga ganancias, de que dé pérdidas y por lo tanto deba ser mantenida mediante costosos subsidios del Estado.
Si un servicio cumple una función social, da trabajo y permite costear su mantenimiento en condiciones, sin comprometer su capital, ya sea en infraestructura o equipamiento, está a nuestro entender cumpliendo debidamente una tarea social en beneficio de la población, como debe ser la esencia de la cuestión.
En el caso de AFE, seguramente de lograrse esto, se estaría dando un gran avance, pero para esto es necesario mover antiguas rémoras, como la inamovilidad de los funcionarios, para que realmente puedan alcanzarse las metas de servicio social. Vale decir que lo más difícil de remover no son las vías, ni las máquinas, sino algunos elementos del pasado que siguen aprisionando el futuro.

La responsabilidad social del Estado, es uno de los temas más polémicos y a menudo también más debatidos en tiendas políticas.

A la clase dirigente y en especial a determinada clase política, con notorios privilegios frente al resto del pueblo, le suele rechinar que se gaste plata en atender necesidades sociales. Se cuestiona si hay retorno o no, si se controla que haya esfuerzos por salir de la situación de pobreza y si en realidad se trata de sensibilidad social o de “asistencialismo” y derroche de dinero.

La cuestión no es sencilla y para nosotros el quid de la cuestión está en los límites, en la responsabilidad social y en los objetivos.

Si tenemos claro esto, recién podremos hablar del sistema de atención a los problemas sociales, de las formas de control, de fiscalización y de los resultados. El tema de la recuperación del ferrocarril es uno de los relacionados en esta situación.

Los servicios del Estado, ya sea nacionales o municipales, deberían responder -desde nuestra óptica – a un concepto claro de servicio, precisamente y uno de los servicios que el Estado puede y debe proporcionar es el de dar un trabajo digno al máximo número de uruguayos que pueda y obviamente, sin tener en cuenta su pelo político.

Esto es lo justo, lo sano, lo que debe hacerse cuando se entienden bien las cosas.

Debe hacerse tanto con un servicio de ómnibus municipal, como  un servicio de transporte ferroviario, tanto de carga como de pasajeros.

Pero cuando hablamos de límites, pretendemos dejar claro, que el hecho de que una empresa sea estatal, esto es de todos, no quiere decir que deba dar pérdidas, que sus trabajadores sean descuidados o irresponsables. No es lo mismo que no tenga ganancias, de que dé pérdidas y por lo tanto deba ser mantenida mediante costosos subsidios del Estado.

Si un servicio cumple una función social, da trabajo y permite costear su mantenimiento en condiciones, sin comprometer su capital, ya sea en infraestructura o equipamiento, está a nuestro entender cumpliendo debidamente una tarea social en beneficio de la población, como debe ser la esencia de la cuestión.

En el caso de AFE, seguramente de lograrse esto, se estaría dando un gran avance, pero para esto es necesario mover antiguas rémoras, como la inamovilidad de los funcionarios, para que realmente puedan alcanzarse las metas de servicio social. Vale decir que lo más difícil de remover no son las vías, ni las máquinas, sino algunos elementos del pasado que siguen aprisionando el futuro.







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