Aislar la intolerancia

En Florida tras un programa en la televisión que “se picó”, como dicen los jóvenes  hoy, un militante nacionalista aguardó a su adversario en el debate a la salida del canal, se tomó a golpes de puño con un edil del Frente Amplio y lo desvaneció al punto que éste debió ser asistido por una unidad de emergencia médica.
En Paysandú, el edil nacionalista Carlos Laborde proclamó su convencimiento de que a los menores infractores que delinquen más de una vez “hay que borrarlos del mapa”. En este caso rápidamente los principales dirigentes de los dos sectores mayoritarios del nacionalismo tomaron distancia de este pronunciamiento extremo, como corresponde.
En estos tiempos electorales la pasión de la gente puede llevarnos al límite en este sentido, pero lo más importante es que las cabezas pensantes en cada caso mantengan firme y serenamente sus convicciones democráticas, su capacidad de respeto y tolerancia a las ideas ajenas y diferentes a las nuestras.
Cuando se plantean estos hechos nos acordamos de Manuel Flores Mora, quien en su semanario “Jaque”, de corta pero fecunda labor en la recuperación de la democracia en el país, reveló el asesinato (que sigue impune), del Dr. Vladimir Roslik en el cuartel de Fray Bentos durante una sesión de tortura.
“Maneco” Flores Mora, destacado dirigente del Partido Colorado hacía carne en él y en las páginas de “Jaque”, la máxima que expresa “no estoy de acuerdo con tus ideas, pero daría la vida para que pudieras expresarlas…” de allí que denunciara valientemente este crimen y todo lo que otros callaban o escondían.
Si toleramos este tipo de violencia estaremos cayendo en  un régimen del más absoluto autoritarismo, donde la ley del más fuerte, la ley de las armas es la única ley y  la justicia se ve subordinada a ella.
Sabemos lo que ha pasado en el país en tiempos en que rigió esta mal llamada “ley” y asi nos fue a todos los que creemos en la democracia como el mejor  sistema para la convivencia ciudadana.
¡No al matonismo!
¡No a la prevalencia de la violencia física sobre la fuerza de las ideas!
¡No al amedrentamiento!.
¡No a las amenazas de cualquier tipo!.
¡No a las persecuciones!.
No al bastardo sentido de jugar con las  necesidades de los que menos tienen, obligándolos a humillarse y manifestar su adhesión a una idea al “vil precio de la necesidad”.
Quienes apoyen o miren para otro lado en estos casos lo estarían cobijando y esto es  inadmisible, venga de donde venga y sea de quien sea.
¡Nunca lo toleraremos!
Que conste.
Alberto Rodríguez Díaz

En Florida tras un programa en la televisión que “se picó”, como dicen los jóvenes  hoy, un militante nacionalista aguardó a su adversario en el debate a la salida del canal, se tomó a golpes de puño con un edil del Frente Amplio y lo desvaneció al punto que éste debió ser asistido por una unidad de emergencia médica.

En Paysandú, el edil nacionalista Carlos Laborde proclamó su convencimiento de que a los menores infractores que delinquen más de una vez “hay que borrarlos del mapa”. En este caso rápidamente los principales dirigentes de los dos sectores mayoritarios del nacionalismo tomaron distancia de este pronunciamiento extremo, como corresponde.

En estos tiempos electorales la pasión de la gente puede llevarnos al límite en este sentido, pero lo más importante es que las cabezas pensantes en cada caso mantengan firme y serenamente sus convicciones democráticas, su capacidad de respeto y tolerancia a las ideas ajenas y diferentes a las nuestras.

Cuando se plantean estos hechos nos acordamos de Manuel Flores Mora, quien en su semanario “Jaque”, de corta pero fecunda labor en la recuperación de la democracia en el país, reveló el asesinato (que sigue impune), del Dr. Vladimir Roslik en el cuartel de Fray Bentos durante una sesión de tortura.

“Maneco” Flores Mora, destacado dirigente del Partido Colorado hacía carne en él y en las páginas de “Jaque”, la máxima que expresa “no estoy de acuerdo con tus ideas, pero daría la vida para que pudieras expresarlas…” de allí que denunciara valientemente este crimen y todo lo que otros callaban o escondían.

Si toleramos este tipo de violencia estaremos cayendo en  un régimen del más absoluto autoritarismo, donde la ley del más fuerte, la ley de las armas es la única ley y  la justicia se ve subordinada a ella.

Sabemos lo que ha pasado en el país en tiempos en que rigió esta mal llamada “ley” y asi nos fue a todos los que creemos en la democracia como el mejor  sistema para la convivencia ciudadana.

¡No al matonismo!

¡No a la prevalencia de la violencia física sobre la fuerza de las ideas!

¡No al amedrentamiento!.

¡No a las amenazas de cualquier tipo!.

¡No a las persecuciones!.

No al bastardo sentido de jugar con las  necesidades de los que menos tienen, obligándolos a humillarse y manifestar su adhesión a una idea al “vil precio de la necesidad”.

Quienes apoyen o miren para otro lado en estos casos lo estarían cobijando y esto es  inadmisible, venga de donde venga y sea de quien sea.

¡Nunca lo toleraremos!

Que conste.

Alberto Rodríguez Díaz