Al culminar otro año

sta noche el “añoviejo” se despide y damos la bienvenida al Año Nuevo.
Este tiempo, es tiempo de confraternidad, de espíritu abierto y proclive a limar asperezas, a dejar de lado las rencillas que muchas nos distancian y a profundizar, más allá de lo afectivo y esporádico, las relaciones humanas más sólidas, aquellas que se cimentan en la familia y en la gente que todos los días del año y no sólo en estas fiestas, demuestra ser gente de bien, solidaria, receptiva y capaz de buscar el enriquecimiento humano de la comunidad que integramos.
Lamentablemente este espíritu, que para algunos puede resultar “sensiblero” y fugaz, debería de ser a nuestro entender, el que rigiera permanentemente, si es que realmente queremos hacer auténtico el concepto que nos dejan muchos turistas de que somos gente amable, educada y receptiva.
Lejos de cuestionar este concepto, creemos que hay mucho por hacer para darle consistencia.
Lamentablemente no vivimos en una isla y los problemas de seguridad y en especial la tan mentada “pérdida de valores” también nos ha llegado.
Hoy en todo los estrato sociales se nota que aquella ciudad que podríamos denominar “de los perros chicos”, porque el animal cumplía casi exclusivamente el rol de mascota y no de guardián, ya ha dejado paso a todo un arsenal que no sólo es de perros grandes, mastines y similares, sino que además se han incorporado las rejas, las alarmas, las cámaras y demás elementos con los que procuramos obtener una seguridad difícil de lograr.
La época en que difícilmente una persona joven permaneciera sentada cuando subía un adulto mayor y no tenía lugar para sentarse.
La ciudad en la que nos sentíamos orgullosos de estos pequeños gestos, como el de dejar pasar “primero a las damas y los niños”.
Hoy lo habitual es el “sálvese quien pueda”. Esto es “hacé la tuya” y por lo tanto tratar de pasar primero, mirar para otro lado a lo sumo cuando un mayor no tiene lugar para sentarse y así sucesivamente.
Pero no todo está perdido. Al menos estamos discutiendo estos temas y tenemos la convicción de que a poco asumamos conscientemente que nos hemos equivocado, volveremos a obtener las condiciones que teníamos en la época de nuestros abuelos.
No por tontos ingenuos, sino por respetuosos y sensibles. Una comunidad que sabe respetar y valorar a sus integrantes más frágiles, como son niños y ancianos, seguramente es más respetable y digna de ser el lugar que pretendemos para nosotros y quienes nos visiten.
¡Que el 2013 nos encuentre avanzando en esta dirección!.
¡Feliz Año Nuevo!.

Esta noche el “añoviejo” se despide y damos la bienvenida al Año Nuevo.

Este tiempo, es tiempo de confraternidad, de espíritu abierto y proclive a limar asperezas, a dejar de lado las rencillas que muchas nos distancian y a profundizar, más allá de lo afectivo y esporádico, las relaciones humanas más sólidas, aquellas que se cimentan en la familia y en la gente que todos los días del año y no sólo en estas fiestas, demuestra ser gente de bien, solidaria, receptiva y capaz de buscar el enriquecimiento humano de la comunidad que integramos.

Lamentablemente este espíritu, que para algunos puede resultar “sensiblero” y fugaz, debería de ser a nuestro entender, el que rigiera permanentemente, si es que realmente queremos hacer auténtico el concepto que nos dejan muchos turistas de que somos gente amable, educada y receptiva.

Lejos de cuestionar este concepto, creemos que hay mucho por hacer para darle consistencia.

Lamentablemente no vivimos en una isla y los problemas de seguridad y en especial la tan mentada “pérdida de valores” también nos ha llegado.

Hoy en todo los estrato sociales se nota que aquella ciudad que podríamos denominar “de los perros chicos”, porque el animal cumplía casi exclusivamente el rol de mascota y no de guardián, ya ha dejado paso a todo un arsenal que no sólo es de perros grandes, mastines y similares, sino que además se han incorporado las rejas, las alarmas, las cámaras y demás elementos con los que procuramos obtener una seguridad difícil de lograr.

La época en que difícilmente una persona joven permaneciera sentada cuando subía un adulto mayor y no tenía lugar para sentarse.

La ciudad en la que nos sentíamos orgullosos de estos pequeños gestos, como el de dejar pasar “primero a las damas y los niños”.

Hoy lo habitual es el “sálvese quien pueda”. Esto es “hacé la tuya” y por lo tanto tratar de pasar primero, mirar para otro lado a lo sumo cuando un mayor no tiene lugar para sentarse y así sucesivamente.

Pero no todo está perdido. Al menos estamos discutiendo estos temas y tenemos la convicción de que a poco asumamos conscientemente que nos hemos equivocado, volveremos a obtener las condiciones que teníamos en la época de nuestros abuelos.

No por tontos ingenuos, sino por respetuosos y sensibles. Una comunidad que sabe respetar y valorar a sus integrantes más frágiles, como son niños y ancianos, seguramente es más respetable y digna de ser el lugar que pretendemos para nosotros y quienes nos visiten.

¡Que el 2013 nos encuentre avanzando en esta dirección!.

¡Feliz Año Nuevo!.







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