Alguna vez nos va a llegar

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el virus Zika, cuya existencia hemos conocido no más de tres semanas atrás y sin embargo ya ha afectado a decenas de miles de personas en Brasil y Colombia, los dos países con mayor número de personas afectadas en América del Sur, habrá de extenderse a todos los países latinoamericanos, a excepción de Chile y Canadá. En el primer caso por un impedimento natural, como lo es la cordillera de los Andes y en el segundo por tratarse de un país que vive frecuentemente con temperaturas muy bajas.
Hoy, junto a estas dos naciones se halla Uruguay, como una suerte de isla sanitaria que no tiene explicación posible en cuanto a que no tiene ninguna barrera orográfica destacada ni otra particularidad y sin embargo hasta el momento no registra casos autóctonos de la enfermedad.
Pero los expertos coinciden en una cosa: en algún momento llegará porque no hay ni una sola explicación lógica para que no lo haga.
El Aedes Aegypti transmite tres de las cuatro plagas que hoy afligen a latinoamérica. El dengue, el Chikungunya, el Zika y desde hace muchos años que este mosquito llegó a nuestro territorio, para instalarse en él y como dijera recientemente la Directora de la División Epidemiología del MSP, Laura Solá en ninguna parte del mundo donde apareció el Aedes Aegypti pudo ser eliminado.
Esto supone que tenemos que acostumbrarnos a convivir al menos con el mosquito, como ya lo hemos venido haciendo hace por lo menos un par de décadas atrás.
Será otra etapa que enfrentar. Vale decir que hasta el momento el esfuerzo principal es hacia evitar que aparezca la enfermedad de la que estamos aún libres, pero en algún momento va a aparecer algún caso autóctono, es lógico que así sea y es de esperar, a pesar de todo el esfuerzo que se haga.
Cuando aparezca un caso autóctono (vale decir de una persona que se infectó aquí), tampoco será una tragedia. El esfuerzo deberá ser apuntado hacia otro lado, sin dejar de lado las medidas actuales de higiene, limpieza y demás, se deberá apuntar a aislar al paciente y evitar la propagación de la enfermedad, es decir, agotar el esfuerzo dedicado a impedir que esa persona sea picada por un mosquito que luego transmita la enfermedad a otra persona.
Esta es la realidad, por el momento debemos estar alertas y la mejor forma de hacerlo es siguiendo los consejos del MSP, asumiendo el riesgo y sobre todo demostrando la responsabilidad social correspondiente, porque una vez instalada la enfermedad no hace distinción alguna, ni de edades, ni de clase social, llega por igual a niños, adultos y ancianos, como a ricos, pobres y demás.
Asumámoslo ahora sin drama, pero también sin desidia.







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