Antes que caiga el último árbol…

“Cuando caiga el último árbol.
Cuando muera el último pez.
Cuando se contamine el último río!
Ustedes comprenderán, que el dinero no se come.
La frase precedente se adjudica tanto a un indígena en el Matto Grosso, como a uno de los últimos indígenas que fueran expulsados de sus tierras en los Estados Unidos.
Lo importante no es de quien sea la visión, sino de la enorme verdad que encierra, en referencia a una realidad que nadie puede desconocer.
Nadie en el universo se salva de lo que ella sentencia.
El planeta está enfermo y su temperatura, como en el cuerpo humano mismo, nos indica inequívocamente que si no hacemos nada su mal se agravará.
Todo habitante de esta tierra es importante en la cadena de la vida y con nuestra acciones hacemos algo a favor o en contra de la”salud” del planeta.
Cuando pasamos por al lado de la basura que es arrojada al borde las carreteras, a los cursos de agua o sencillamente al campo, sabiendo que se trata de plásticos, pilas u otros materiales que no son biodegradable y no nos preocupamos, siquiera por denunciar la situación, estamos aportando al problema.
Mal que nos pese esto tiene que ver con la conciencia ambiental. No basta con abstenerse de arruinar el planeta con nuestras acciones, necesitamos contribuir a la solución, a evitar que el tema siga agravándose y para ello, necesariamente tenemos que hacer algo para mejorar las pésimas condiciones ambientales en que nos desempeñamos hoy.
Lo más lamentable es que esta situación a la que hemos llegado, en que nuestros ríos y arroyos, sobre todo los que pasan en la trama urbana, se han constituido en basureros, en nidos de roedores y depósito de inmundicias, pudo ser evitada.
Años de trabajo y de esfuerzo por parte de diversas instituciones ambientales no fueron capaces de despertar la debida conciencia ambiental entre los habitantes del país.
Es demasiado lento el ritmo de conciencia que muestran los habitantes del país para encarar estos temas. En tanto ríos y arroyos se siguen contaminando, las pilas, plásticos y vidrios siguen arrojándose a la tierra y campos fértiles que poco a poco se arruinan.
A pesar de las limitaciones -por otra ínfimas y tardías – adoptadas por el Estado en el uso de productos químicos fertilizantes, también por este aspecto seguimos arruinando los recursos naturales.
No todo está perdido, pero hasta el momento seguimos haciendo fuerza para que así sea.

“Cuando caiga el último árbol.

Cuando muera el último pez.

Cuando se contamine el último río!

Ustedes comprenderán, que el dinero no se come.

La frase precedente se adjudica tanto a un indígena en el Matto Grosso, como a uno de los últimos indígenas que fueran expulsados de sus tierras en los Estados Unidos.

Lo importante no es de quien sea la visión, sino de la enorme verdad que encierra, en referencia a una realidad que nadie puede desconocer.

Nadie en el universo se salva de lo que ella sentencia.

El planeta está enfermo y su temperatura, como en el cuerpo humano mismo, nos indica inequívocamente que si no hacemos nada su mal se agravará.

Todo habitante de esta tierra es importante en la cadena de la vida y con nuestra acciones hacemos algo a favor o en contra de la”salud” del planeta.

Cuando pasamos por al lado de la basura que es arrojada al borde las carreteras, a los cursos de agua o sencillamente al campo, sabiendo que se trata de plásticos, pilas u otros materiales que no son biodegradable y no nos preocupamos, siquiera por denunciar la situación, estamos aportando al problema.

Mal que nos pese esto tiene que ver con la conciencia ambiental. No basta con abstenerse de arruinar el planeta con nuestras acciones, necesitamos contribuir a la solución, a evitar que el tema siga agravándose y para ello, necesariamente tenemos que hacer algo para mejorar las pésimas condiciones ambientales en que nos desempeñamos hoy.

Lo más lamentable es que esta situación a la que hemos llegado, en que nuestros ríos y arroyos, sobre todo los que pasan en la trama urbana, se han constituido en basureros, en nidos de roedores y depósito de inmundicias, pudo ser evitada.

Años de trabajo y de esfuerzo por parte de diversas instituciones ambientales no fueron capaces de despertar la debida conciencia ambiental entre los habitantes del país.

Es demasiado lento el ritmo de conciencia que muestran los habitantes del país para encarar estos temas. En tanto ríos y arroyos se siguen contaminando, las pilas, plásticos y vidrios siguen arrojándose a la tierra y campos fértiles que poco a poco se arruinan.

A pesar de las limitaciones -por otra ínfimas y tardías – adoptadas por el Estado en el uso de productos químicos fertilizantes, también por este aspecto seguimos arruinando los recursos naturales.

No todo está perdido, pero hasta el momento seguimos haciendo fuerza para que así sea.

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