Antes que se caiga

El periodista Jorge Lanata (Periodismo Para Todos), sostuvo recientemente en Argentina que dentro de diez años, el sistema de seguridad social del vecino país (muy similar al nuestro), se caerá a pedazos, no aguanta, porque sencillamente lo que dicen las estadísticas es que en estos momentos de cada dos adolescentes, sólo uno termina el ciclo de secundaria.
Influyen en esta situación todos los incentivos que socialmente se han acumulado, acelerando la idea de tener que trabajar cuanto antes para generar un dinerillo que les permita “darse los gustos” de los adolescentes, la moto, el último celular, la ropa de marca, los championes, etc. etc..
El concepto de que es necesaria la inversión de tiempo y sacrificio para conseguir las cosas “ya fue” como hemos oído sostener frecuentemente.
Influye asimismo la idea de trabajar en negro, para recibir más dinero a fin de mes, aunque esto suponga que perderá muchos años sin aportar y cuando se vaya a retirar se encontrará con la desagradable sorpresa de que la única opción, cuando la tiene y puede es seguir trabajando hasta el último día.
Es una advertencia que hemos escuchado reiteradamente. La relación activo – pasivo en estos países es altamente deficitaria. Se afirma que la relación ideal para mantener saneado un sistema de seguridad social es de 3 -1. Esto es, por cada pasivo tendría que haber por lo menos tres trabajadores activos.
En nuestro país, de acuerdo a lo que se señaló tiempo atrás, no se llegaría a 2 -1 y no sabemos qué ha pasado en los últimos años, pero lamentablemente vemos que la informalidad y el trabajo “en negro” es hoy una constante, al punto que los propios jóvenes que comienzan a trabajar en numerosas ocasiones piden que se le pague en negro, todo o parte al menos de su sueldo.
Las generaciones más jóvenes no han pasado las penurias que otras generaciones vimos pasar a nuestros mayores, cuando las pasividades se pagaban cada dos o tres meses, a veces parcialmente, cuando acogerse al sistema de jubilaciones o pensiones, que resultaba miserable, era una verdadera odisea.
Lamentablemente de seguir por el mismo camino, corremos el riesgo de caer nuevamente en estas penurias, que nadie quiere y seguramente todos rechazarán, pero habrá que saber cómo se llegó a la crisis.
La salida está en la educación y seguramente no será de un día para otro. No hay soluciones “mágicas”. Lo primero a realizar es asumir el problema. Lo segundo es tratar de conseguir fuentes laborales suficientes y adecuadas, pero nada de esto será eficaz si no conseguimos que nuestros jóvenes asuman la necesidad de entrar en el círculo formal, solidario, del que nos beneficiamos todos y sobre todo de volver a entender que nada es por generación espontánea, sino que es necesario invertir sobre todo tiempo, paciencia y esfuerzo para prepararse y conseguir lo que pretendemos.
¡Así de simple!