Antes que sea demasiado tarde

Décadas atrás, cuando ya se vislumbraba el problema del recalentamiento terrestre, los intereses opuestos a la defensa ambiental se empeñaban en desacreditar las opiniones de los científicos que alertaban de las nefastas consecuencias que podía acarrear el problema.
Hoy día nadie discute este alcance, pero se sigue restando importancia al tema y tratando de “enlentecer” al máximo posible la adopción de las medidas que pueden al menos atemperar las consecuencias, aunque esto signifique terminar de destruir la naturaleza en forma irrecuperable.
Entre las últimas advertencias que se han hecho, se cuenta la comprobación del riesgo en que se encuentran las aguas subterráneas, otrora consideradas la gran reserva de la humanidad.
Con posterioridad se comprobó que no se trata de cursos subterráneos, sino de grandes depósitos de agua que se nutren de la lluvia que cae en la superficie. Pero la extracción de estas aguas se intensificó al punto tal que hoy los científicos advierten que no sólo están mermando, sino que lo que quizás sea peor que eso aún, están siendo contaminadas.
Hasta el momento se ha considerado que nada más puro y cristalino que las aguas subterráneas e incluso se han destacado sus propiedades, atribuyéndoles poder curativo, como en el caso de las aguas termales.
Sin embargo, lejos de cuidarlas y mantenerlas, racionalizando su explotación, no se ha dejado de explotarlas y derrocharlas.
No hay una estrategia global conjunta para proteger y preservar estas fuentes de agua dulce. Cada nación entiende que es parte de su soberanía y por lo tanto perfora cuantas veces quiere.
La Universidad Complutense de Madrid señala que “los acuíferos se contaminan desde la superficie. El agua que se infiltra lixivia los contaminantes que haya sobre el suelo llevándolos hasta la capa de agua subterránea. La contaminación puede ser localizada o difusa. En el primer caso se produce principalmente por el lavado de todas aquellas fuentes de contaminantes mal impermeabilizadas como pueden ser: vertederos de residuos urbanos o industriales, fosas sépticas, depósitos de hidrocarburos subterráneos, materiales producidos durante las labores mineras (enriquecimiento mineral, escombreras de estériles, etc.), sales utilizadas para el deshielo de carreteras, etc.
La contaminación difusa o dispersa procede del uso indiscriminado de productos agrícolas tales como fertilizantes químicos (nitratos, fosfatos, etc), productos fitosanitarios (plaguicidas, pesticidas, insecticidas, etc.) purines y otros abonos orgánicos, enmiendas de suelos…). Todos aquellos compuestos que no son absorbidos por las plantas u otros seres vivos o quede fijado/absorbido por las partículas sólidas del suelo pasarán a formar parte del agua subterránea”.
El tiempo para tomar las medidas correctivas se va reduciendo rápidamente y por lo tanto si no se adoptan éstas a tiempo, seguramente lo lamentaremos.