Aprendamos a respetarnos

En nuestra edición del domingo último nos ocupamos de uno de los temas que a menudo está “invisible” en la sociedad, el del acoso laboral…, ya sea por motivos políticos, religiosos, o de cualquier otra índole.
La realidad indica que quienes más frecuentemente la sufren son las mujeres y entre éstas las que tienen menos formación, menos preparación y por lo tanto son más dependientes de la actividad laboral que desempeñan, como las empleadas domésticas con cama, esto es que conviven permanentemente con  la familia a  la cual prestan su servicio y generalmente con quien o quienes les acosan.
Pero el acoso laboral atraviesa prácticamente toda la sociedad, dado que si bien las denuncias que se plantean tienen que ver con algunos rubros específicos, se tiene la convicción que la mayoría de los casos no se concretan en denuncias, lo que no quiere decir que no existan y que sus víctimas no sufran esta persecución.
Cuál es entonces la mejor forma de prepararse para enfrentar el problema. En primer lugar informarse, conocer sus derechos debidamente para esgrimirlos llegado el momento.
Pero al mismo tiempo la realidad demuestra que cuanto mejor nivel cultural tenga la persona, el acosador tiene menos chance de presionar ilegítimamente.
Significa que la forma de enfrentar mejor estos temas es prepararse, alcanzar el mejor nivel de conocimientos y preparación posible, informarse para hacer valer sus derechos.
Felizmente en estos momentos se ha avanzado en este tema y tanto el Ministerio de Trabajo, como la propia Justicia prestan la debida atención a las denuncias, aún cuando no siempre los hechos puedan ser probados.
Ahora bien, la cuestión de fondo es el debido respeto que nos debemos los seres humanos. Aprender a valorarnos  por encima de las circunstancias, de la capacidad, de los conocimientos o aptitudes es la única forma de convivir como seres humanos.
Mientras dejemos avanzar la política del “hacé la tuya”, de lograr lo que se me ocurra, sea de la forma que sea, pisoteando, maltratando y humillando a los demás la realidad será la misma.
Nada mejor y más lindo que aprender a respetar a cada persona por lo que es, y no por lo que tiene. Los seres humanos debemos aprender que en algún momento de la vida necesitaremos de otra persona y no sabemos quién será.
En nuestros años de vida la experiencia nos ha permitido ver a muchas personas que se han manejado con soberbia, con una aureola de superioridad, mal entendida cuando estuvieron desempeñando un carguito o una función determinada y luego, ya en el ocaso de su vida, se encuentran con el desprecio y la ignorancia de sus conciudadanos.
Cuando llegue el momento no quisiéramos estar en la piel de quienes así se han manejado.

En nuestra edición del domingo último nos ocupamos de uno de los temas que a menudo está “invisible” en la sociedad, el del acoso laboral…, ya sea por motivos políticos, religiosos, o de cualquier otra índole.

La realidad indica que quienes más frecuentemente la sufren son las mujeres y entre éstas las que tienen menos formación, menos preparación y por lo tanto son más dependientes de la actividad laboral que desempeñan, como las empleadas domésticas con cama, esto es que conviven permanentemente con  la familia a  la cual prestan su servicio y generalmente con quien o quienes les acosan.

Pero el acoso laboral atraviesa prácticamente toda la sociedad, dado que si bien las denuncias que se plantean tienen que ver con algunos rubros específicos, se tiene la convicción que la mayoría de los casos no se concretan en denuncias, lo que no quiere decir que no existan y que sus víctimas no sufran esta persecución.

Cuál es entonces la mejor forma de prepararse para enfrentar el problema. En primer lugar informarse, conocer sus derechos debidamente para esgrimirlos llegado el momento.

Pero al mismo tiempo la realidad demuestra que cuanto mejor nivel cultural tenga la persona, el acosador tiene menos chance de presionar ilegítimamente.

Significa que la forma de enfrentar mejor estos temas es prepararse, alcanzar el mejor nivel de conocimientos y preparación posible, informarse para hacer valer sus derechos.

Felizmente en estos momentos se ha avanzado en este tema y tanto el Ministerio de Trabajo, como la propia Justicia prestan la debida atención a las denuncias, aún cuando no siempre los hechos puedan ser probados.

Ahora bien, la cuestión de fondo es el debido respeto que nos debemos los seres humanos. Aprender a valorarnos  por encima de las circunstancias, de la capacidad, de los conocimientos o aptitudes es la única forma de convivir como seres humanos.

Mientras dejemos avanzar la política del “hacé la tuya”, de lograr lo que se me ocurra, sea de la forma que sea, pisoteando, maltratando y humillando a los demás la realidad será la misma.

Nada mejor y más lindo que aprender a respetar a cada persona por lo que es, y no por lo que tiene. Los seres humanos debemos aprender que en algún momento de la vida necesitaremos de otra persona y no sabemos quién será.

En nuestros años de vida la experiencia nos ha permitido ver a muchas personas que se han manejado con soberbia, con una aureola de superioridad, mal entendida cuando estuvieron desempeñando un carguito o una función determinada y luego, ya en el ocaso de su vida, se encuentran con el desprecio y la ignorancia de sus conciudadanos.

Cuando llegue el momento no quisiéramos estar en la piel de quienes así se han manejado.