Aprender a escuchar

Uno de los errores que hemos visto cometer a diario sobre todo por parte de las personas más jóvenes, es no escuchar. A menudo vemos que a lo sumo se escucha a las personas mayores como quien oye llover, vale decir escuchando, pero sin prestar la debida atención y sin la más mínima intención de analizar lo que se le está tratando de trasmitir.

En este contexto luego los vemos cometer gruesos errores que seguramente pudieron ser salvados de escuchar debidamente y a tiempo la voz de la experiencia.
Pero no es privativo de los jóvenes, porque uno de los errores que vemos cometer casi ineludiblemente a todo nuevo gobierno, así sea del mismo partido gobernante, es cambiar aspectos de política educativa, comercial, de relacionamiento internacional y en definitiva casi de todo lo que se le antoja a cada nueva fuerza política que asume cada cinco años en nuestro país.
Aquello de “cada maestrito con su librito”, es aplicable aquí como en ninguna otra parte y el costo de la improvisación lo paga invariablemente el pueblo uruguayo todo.
Seguramente si aprendiéramos a escuchar como corresponde, no para seguir al pie de la letra lo que se nos afirma, sino para analizarlo y recoger todo lo bueno y desechar lo malo, evitando en lo posible cometer los mismos errores, parece lo más sabio e inteligente.
No significa esto que desconozcamos los cambios. Que no entendamos que los tiempos que vivimos hoy son muy diferentes a los de décadas atrás. Los avances de la tecnología y de la ciencia sobre todo se notan a inciden en muchos aspectos de la vida diaria, pero lo que no cambia son los valores humanos.
Pero lamentablemente la experiencia indica que la enorme mayoría delos jóvenes “le ha colgado una tarjetita” a las personas adultas y sobre todo a los ancianos, considerando que “ya fue” y todo lo que diga o haga está referido a tiempos que ya no existen.
El pensar con honestidad. El valorar la solidaridad y el compromiso comunitario por sobre el individualismo y el placer personal, son aspectos que no debiéramos perder y sin embargo cada día son más raros.
En el mejor de los casos el que piensa en los demás o demuestra ser solidario, es un “gil” como dicen los porteños y por lo tanto el concepto de felicidd y de disfrutar la vida se reduce a disfrutar, a darse placer, dinero, fama, sexo y todo aquello que me permita “vivir bien”, ganar “plata fácil” y nada mas.
Así nos va en la vida…

A.R.D.