Aprender de los errores

Cuando en la  década del 70, comenzó a construirse la represa de Salto Grande y se confirmaba que el embalse habría de afectar parte de los pueblos de Belén y Constitución, surgieron un par de opciones para compensar el problema que acarrearía el anegamiento de tierras y viviendas.
Básicamente se trataba de optar entre “correr” las viviendas que serían alcanzadas por el agua o de ir a una salida más moderna, audaz y casi inédita, como lo era juntar ambas localidades y formar un nuevo pueblo, hecho de cero, proyectado y planificado desde el arranque.
Esta última opción era la que atraía particularmente al Intendente de entonces, Arq. Néstor Minutti, quien además había propuesto también un nuevo trazado de la ruta 3, en su pasaje por la ciudad de Salto, que no era tan distante como el actual, más allá de barrio Artigas.
Ninguna de sus propuestas tuvo andamiento, quizás porque su prematura muerte en accidente le impidió luchar por lo que entendía y sabía que eran las mejores soluciones.
Belén y Constitución optaron –sus pobladores incluidos – por el reasentamiento de las viviendas, cada uno en sus localidades. Nada de juntarse. Actitud que no puede condenarse, puesto que en ese lugar tenían todas sus “raíces”, pero que en definitiva les mutiló las posibilidades de desarrollo a ambos pueblos.
Se impuso lo  afectivo, un sentimiento casi aldeano, que obviamente no les dejó ver más allá del plano inmediato.
Diferente  fue la situación en la otra orilla, donde el embalse inundó por completo la localidad de Federación y por lo tanto no había otra opción que trasladar todo el pueblo. Mediante plebiscito sus habitantes eligieron entre dos o tres lugares donde se habría de asentar el pueblo. Así se hizo y así nació la nueva Federación.
Hoy, más de 30 años después, la realidad rompe los ojos. Federación, una ciudad planificada y ordenada desde los jardines, hasta la avenidas y cada uno de los espacios públicos y privados, explotando debidamente estas ventajas, se ha transformado en el principal centro termal de Argentina.
Belén y Constitución, alejados de la ruta, han caído en un estancamiento del que aún se les hace muy difícil salir.
Hoy como se diría en el truco “a llorar al cuartito”. Nos equivocamos. No supimos ver más allá del plano inmediato, ni tampoco respaldamos la opinión de un técnico y urbanista destacado, como lo era ya por entonces el Arq. Minutti. El precio que pagamos y en especial pagaron Belén y Constitución ha sido extremadamente alto.
No condenamos, pero si entendemos que es necesario capitalizar los errores del pasado para que las generaciones futuras no cometan al menos los mismos.







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