Aprender la lección del río

Entre las cosas más emblemáticas de Salto, está en primer lugar el río Uruguay, la costanera, el Salto Chico y obviamente la zona de la represa de Salto Grande.
Si bien ya no queda prácticamente nada de las Playas Las Cavas, otrora tan disfrutadas por los salteños que solían atiborrarlas durante todo el verano y disfrutar también de las aguas refrescantes del río. Menos de las cascadas de Salto Grande, un lugar paradisíaco, la costa del río nos enorgullece y además es destacada por los visitantes que quedan admirados de la belleza del río y de sus aguas frente a nuestra ciudad.
Pero quienes suponen que los salteños cuidamos el río y lo tratamos de proteger como corresponde cuando amamos algo, se equivocan al menos parcialmente. Hay mucha gente que sigue tomando el río por basurero y de conducta ambiental cero, siguen demostrando su insensibilidad y su pobreza espiritual y así nos irá en nuestra comunidad si esta conducta sigue siendo mayoría.
Los residuos que deja la crecida son contundentes, plásticos y otra basura son la mayoría.
Es más, este año en que la costanera norte, lugar tradicional para las reuniones familiares en las fiestas tradicionales, estuvo inaccesible, “la movida” se trasladó a la zona de La Gaviota, en la ruta a Termas del Daymán. Pues bien, el observar cómo quedó el lugar después de la Nochebuena es lo más elocuente que hemos visto.
Se parece más a un vertedero de basura que a un paseo público disfrutable que además como acceso y en parte “rostro” de la ciudad debería mantenerse lo más limpio y agradable posible. En cambio su estado es lamentable.
Esta es la realidad que manifestamos. No sirven las excusas de que no hay tachos, ni contenedores para depositar los residuos, si tuviéramos una conducta ambiental adecuada los recogeríamos en bolsas adecuadas para depositarlos luego donde corresponde.
Lamentablemente es más fácil protestar por la falta de tachos o elementos de recolección, que sentirnos parte del problema y contribuir a evitar el daño que producimos.
Si tomáramos en serio la necesidad de proteger el ambiente, de cuidarlo y preservarlo no tiraríamos siquiera un papelito, envoltorio de caramelo fuera de lugar. Mucho menos a las aguas de ríos y arroyos, donde tarde o temprano van a afectar negativamente a nosotros o a algún otro ser vivo.
Lamentablemente estamos muy lejos de esto, pero a medida que haya más salteños conscientes del tema, podemos esperar un cambio de actitud.
¡Esperemos que así sea!







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