Armas y perros feroces:¿se justifican?

Entre los elementos a los que recurren los uruguayos procurando defenderse de las condiciones de inseguridad que es cada vez mayor, está la posesión de perros feroces y la compra de armas de fuego.
Ahora bien ¿qué resultado dan estas defensas?
A menudo los perros feroces atacan a los seres más vulnerables, esto es ancianos y niños y en algunos casos las consecuencias han sido demasiado graves. Obviamente que la culpa en estos casos no es de los animales que han sido adiestrados para atacar intrusos e incluso en determinadas circunstancias pueden incluso terminar atacando a sus propios dueños.
En materia de las armas de fuego, generalmente van a parar a manos de los delincuentes, de los que pretendemos defendernos y ni que hablar cuando algún individuo armado ha confundido a algún familiar, hijo o nieto con un delincuente y termina baleándolo.
Esta es la realidad, quizás no en todos, pero basta conque suceda alguno de estos hechos para obligarnos a pensar si se trata de una buena medida.
Aunque sabemos que tendremos muchas reacciones adversas, estamos convencidos que hoy el alcance de algunas leyes es contraproducente. Hay mucha gente que entiende que armarse o adoptar medidas supuestamente  contra la acción de delincuentes es lo mejor, sin analizar debidamente que éstas pueden volverse contra nosotros mismos.
Seguramente que la prevención y la represión del delito es solo un aspecto de la problemática. Los temas sociales van mucho más allá de esto, pero también tienen que ver con la cantidad de delincuentes y en especial con la gravedad de los delitos que enfrentamos.
Venimos de un viejo estigma con los menores de edad y los jóvenes, que fueron víctimas preferidas de la dictadura por la que pasamos. Pero hoy la realidad es muy diferente, el problema en muchos aspectos se ha escapado de las manos y tenemos que entender que cuando se habla de jóvenes infractores, no sólo se trata de quienes han cometido alguna ratería o alguna falta menor. Cada vez en mayor cantidad hablamos de jóvenes y adolescentes que no dudan en apretar el gatillo de las armas que ha llegado a sus manos.
Esto hay que tenerlo muy en cuenta. Mientras sigamos considerando que lo mejor es defender a todos por igual, de acuerdo a su edad, sin tener en cuenta la ferocidad de sus acciones, nos equivocaremos. Seguramente que no todos los menores están en el mismo camino, pero lamentablemente mucho de ellos sí y la maldita droga hace de las suyas. Allí está el quid de la cuestión.

Entre los elementos a los que recurren los uruguayos procurando defenderse de las condiciones de inseguridad que es cada vez mayor, está la posesión de perros feroces y la compra de armas de fuego.

Ahora bien ¿qué resultado dan estas defensas?

A menudo los perros feroces atacan a los seres más vulnerables, esto es ancianos y niños y en algunos casos las consecuencias han sido demasiado graves. Obviamente que la culpa en estos casos no es de los animales que han sido adiestrados para atacar intrusos e incluso en determinadas circunstancias pueden incluso terminar atacando a sus propios dueños.

En materia de las armas de fuego, generalmente van a parar a manos de los delincuentes, de los que pretendemos defendernos y ni que hablar cuando algún individuo armado ha confundido a algún familiar, hijo o nieto con un delincuente y termina baleándolo.

Esta es la realidad, quizás no en todos, pero basta conque suceda alguno de estos hechos para obligarnos a pensar si se trata de una buena medida.

Aunque sabemos que tendremos muchas reacciones adversas, estamos convencidos que hoy el alcance de algunas leyes es contraproducente. Hay mucha gente que entiende que armarse o adoptar medidas supuestamente  contra la acción de delincuentes es lo mejor, sin analizar debidamente que éstas pueden volverse contra nosotros mismos.

Seguramente que la prevención y la represión del delito es solo un aspecto de la problemática. Los temas sociales van mucho más allá de esto, pero también tienen que ver con la cantidad de delincuentes y en especial con la gravedad de los delitos que enfrentamos.

Venimos de un viejo estigma con los menores de edad y los jóvenes, que fueron víctimas preferidas de la dictadura por la que pasamos. Pero hoy la realidad es muy diferente, el problema en muchos aspectos se ha escapado de las manos y tenemos que entender que cuando se habla de jóvenes infractores, no sólo se trata de quienes han cometido alguna ratería o alguna falta menor. Cada vez en mayor cantidad hablamos de jóvenes y adolescentes que no dudan en apretar el gatillo de las armas que ha llegado a sus manos.

Esto hay que tenerlo muy en cuenta. Mientras sigamos considerando que lo mejor es defender a todos por igual, de acuerdo a su edad, sin tener en cuenta la ferocidad de sus acciones, nos equivocaremos. Seguramente que no todos los menores están en el mismo camino, pero lamentablemente mucho de ellos sí y la maldita droga hace de las suyas. Allí está el quid de la cuestión.







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