Asumir la nueva etapa

La confirmación del primer caso de dengue autóctono en el país, nos obliga a entrar en una nueva etapa de la lucha contra esta enfermedad.
Uruguay ya conoce el dengue porque han habido en el país varios casos, con la diferencia que hasta el momento todos habían sido “importados”, vale decir, las personas que padecían la enfermedad la habían contraído fuera de fronteras en ocasión de haber viajado.
Sin embargo el primer caso autóctono, afecta a una persona que no ha salido del país y por lo tanto se ha infectado aquí. Probablemente la infección le haya sido transmitida por el vector luego de picar a una persona infectada, la que necesariamente debe ser ubicada porque incluso puede hallarse en el denominado “período ventana”, en que la enfermedad no se ha manifestado aún, pero la persona es portadora y por lo tanto si un mosquito Aedes Aegypti la picara y luego picara a una persona sana, le transmitiría el virus a ésta.
Uruguay era uno de los pocos países que no había tenido dengue autóctono hasta el momento, pero como lo habían adelantado las propias autoridades sanitarias, en algún momento iba a aparecer, porque no había ningún factor geográfico, ni otro elemento que constituyera una barrera para la acción del mosquito, presente en el país hace muchos años.
El hecho de haber dejado de ser un país sin dengue, para pasar a registrar por el momento un caso de dengue autóctono, nos ubica en un plano distinto, más grave, pero no alarmante, en los hechos nada lejano al que hemos tenido hasta hoy.
La lucha que hasta el momento se ha centrado en la disminución de la población del Aedes Aegypti, tratando de eliminar todos los “cacharros” en los que se deposita agua limpia y sirve de criadero para las larvas del mosquito, no debe cambiar, sino que sencillamente debe acentuarse.
En alguna oportunidad procuramos aterrizar la situación del país en relación al dengue. Por más que nos ufanáramos de ser un país sin dengue, la realidad indicaba que estaban dadas todas las condiciones para la aparición de la plaga, esencialmente la desidia que veíamos y vemos en la población para hacer una eliminación profunda y frontal de estos cacharros.
Se trata de una lucha denodada, porque es casi imposible asegurar que no habrá en un hogar un lugar donde se puedan desarrollar las larvas de los mosquitos, ya sea en cacharros o incluso en plantas del jardín que retienen agua. Basta el agua de una tapita de plástico, tan comunes en nuestros días, para que allí se críen las larvas.
Lo mejor que podemos hacer entonces, ahora más que nunca, es asumir la lucha “en serio”, sabiendo que ahora estamos en otro nivel, de mayor gravedad y más cerca de tener un brote epidémico de una enfermedad que como se ha indicado mata al año más que cualquier felino depredador, cuyos ataques tanto tememos.
Ojalá lo asumamos a tiempo, porque en esto vamos todos.