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Auge o un poco de luz al problema

De acuerdo al reciente informe difundido por el Ministerio del Interior, se registró en el país en los últimos meses un importante aumento del número de rapiñas.
Entre quienes atribuyen este aumento a un auge innegable de los delitos de mayor gravedad, como los homicidios, las rapiñas, las voladuras de cajeros automáticos y demás, este aumento es indicador del auge de la delincuencia que ocasiona innumerables movilizaciones, reclamos y protestas por este motivo.
En otras tiendas se sostiene que el aumento del número de las rapiñas obedece a varios factores. Entre estos a una más estricta definición del delito.
Lo que parece un elemento menor es tremendamente importante. De acuerdo al derecho penal que nos rige, esta diferenciación entre una rapiña (cometida por quien mediante amenazas o algún tipo de violencia se aprovecha o hace que un tercero se aproveche de un bien mueble quitándoselo a su tenedor).
Es sancionada con una pena de 4 a 16 años de penitenciaría, es decir que no puede ser objeto de beneficio alguno en cuanto a los años de reclusión.
En cambio un hurto, aun cuando fuera agravado – cuando no hay aplicación de violencia contra la víctima, sino que se trata de la sustracción y el apoderamiento o uso en su provecho – es sancionado con tres meses de prisión como mínimo a seis años de penitenciaría como máximo.
La cuestión radica en que hasta este momento al menos, quienes califican de hurto o rapiña un delito, al menos ante la opinión pública, no era ni el juez, ni el fiscal, ni tampoco abogado alguno, sino el Ministerio del Interior al elaborar el “parte” (boletín) policial diario.
Esta es la posición que sostienen quienes explican el auge delictivo como una asunción más real de los hechos, porque muchas veces quienes los calificaban no estaban debidamente capacitados para hacerlo y no conocían los detalles.
Por ejemplo quienes roban mediante uso de armas de juguete o “simulando” que tienen un arma aplicada a las víctimas, para la Justicia están cometiendo una rapiña. La victima obra como si realmente estuviera amenazada con un arma de fuego.
Como se notará la diferencia es grande y aun cuando en cada caso sea el juez quien condena y sanciona, tras la investigación dirigida por la fiscalía de acuerdo al nuevo CPP, esto es trascendente para la famosa “sensación térmica”, que es medida por las encuestas y gráficas de las que suelen nutrirse los informativos y demás noticieros.
A.R.D.