Brasil en una hora crucial

No acostumbramos a opinar sobre temas de otros países, aún cuando estos integren la región pero en un mundo globalizado como el de nuestros días, es imposible ignorar la trascendencia que tienen algunos países en el mercado regional y en las actividades en general de países integrantes de los mismos bloques.
De allí que hoy nos permitimos opinar sobre la situación electoral de Brasil, debido a que no tenemos la menor duda que habrá de incidir en la situación nacional.
Algunas de las manifestaciones de Jair Bolsonaro, el ultraderechista que está a un paso de obtener el triunfo electoral en el vecino país, sencillamente nos asustan.
En relación a los negros y los pobres señaló en el 2013, frente a la Cámara de Diputados de Brasil que: “el pobre sólo tiene una utilidad en nuestro país, votar. La cédula de elector en la mano es diploma de burro en el bolsillo. Sirve para votar el gobierno que está ahí, y nada mas”.
De no creer que en pleno siglo XXI un hombre con muchas posibilidades de gobernar un gran país, como Brasil, tenga este concepto de la gente económicamente menos favorecida.
Durante una discusión con la diputada del PT María del Rosario, en momentos en que se debatía una ley contra la violación sexual, Jair Bolsonaro le dijo: “Quedate ahí, María del Rosario quédate. Hace unos días, me llamaste violador en el salón verde y te dije que no iba a violarla a Ud, porque ud. no se lo merece. Quedate aquí para oír”.
Al explicar la frase sostuvo que “ella no merece (ser violada) porque ella es muy mala, porque ella es muy fea, no es de mi gusto, jamás la violaría. Yo no soy violador, pero si fuera, no la iba a violar porque ella no lo merece”, agregó.
Son sólo algunos de los conceptos más tenebrosos que defiende Bolsonaro, por más absurdos y retrógrados que parezcan. Cuando el mundo procura caminar hacia el entendimiento, la integración, la participación de todos los seres humanos, por más diferentes que seamos, estos conceptos nos asustan.
Constituyen el más puro y genuino fascismo, obviamente que en alguien que justifica la pena de muerte, como lo hace Bolsonaro, condice con su pensamiento y sus ideas. Ojalá Brasil pueda zafar al horror de estos pensamientos, porque ponerlos en práctica sería catastrófico y no sólo para Brasil.
A.R.D.