Bueno y Breve, dos veces bueno

Una vez le pidieron  a sir Winston Churchill, formidable orador y escritor, sin previo aviso, que pronunciara un discurso ante un grupo de simpatizantes que se había congregado imprevistamente en la sede de su partido. El dijo: “¿Cuánto tiempo debo hablar?”. Le respondieron que con una hora bastaba.

Entonces Churchill dijo: “Perfecto, déjenme cinco minutos  para prepararme porque para hablar una hora basta 5 minutos de preparación, pero para hablar cinco minutos, hace falta una hora de preparación”.

La anécdota de Churchill refleja con precisión que el mucho hablar no requiere preparación y que, en cambio, el hablar en forma concisa sí la requiere.

Este comentario de Ricardo Peirano, en El Observador (4/03/2012), fue escrito para criticar los largos discursos del presidente venezolano Hugo Chávez, emulando a los también sumamente extensos de Fidel Castro, que en ocasiones han llegado a las 9 horas sin detenerse.

En la misma nota Peirano hace referencia al discurso de Cristina Fernández de Kirchner, al asumir su segundo mandato, con un discurso de más de tres horas de duración, en los que enumeró sus logros o lo que su gobierno entiende por logros al menos y fue interrumpida numerosas veces por los seguidores del gobierno que atestaban el parlamento argentino en la ocasión.

En contrapartida, la misma nota que comentamos destaca el hecho que días atrás Mujica inició su tercer año de gobierno (el primero de marzo), con una alocución televisada de nueve minutos.

Hizo una breve referencia a los logros de los dos primeros años de gobierno y se detuvo en lo que aún no se ha conseguido. Nadie lo aplaudió, porque no había nadie, expresa la nota de Peirano.

Podemos añadir que quizás muchos entiendan que es demasiado breve para un presidente, un discurso de nueve minutos. Quizás les asista razón, en cuanto a que se impone en estas ocasiones detenerse un poco más en lo hecho, sobre todo si ha sido bueno y se entiende también que estas ocasiones son las más apropiadas para establecer una comunicación válida y profunda con la ciudadanía.

Sin llegar a hablar varias horas, es bueno que se den detalles sobre todo de los planes de gobierno y de las situaciones que se enfrentan a diferentes niveles del quehacer nacional.

De allí lo que escucháramos muchas veces en nuestros años de estudiante: “Bueno y breve, dos veces bueno”.

Cuando un discurso, una explicación o una intervención cualquiera, es buena, clara y además breve y concisa, resulta dos veces buena, aunque tampoco deberíamos exagerar en el resumen.







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