Cada uno en su rol específico


De la charla del Lic. Lauro Paulette, técnico de la Unidad Nacional de Seguridad Vial (UNASEV), rescatamos como esencia de la cuestión, un elemento que a menudo suele confundirse.

Partamos de la base de que el mejoramiento en la caótica situación del tránsito que tenemos hoy, se dará sólo a mediano y largo plazo – obrar al grito y reclamar soluciones “ya”  es absolutamente errado – y la herramienta para llegar a obtener una mejora conducta ciudadana en la calle, que de eso se trata, es la educación.

Ahora bien, de las palabras del técnico nos queda clara que cada uno de los elementos que participan en este tema, debe cumplir su rol específico. El inspector no es educador y por lo tanto no es acertado pedirle a él que se encargue de educar, si bien puede aportar información y hacer también su aporte, pero la educación vial debe estar en manos de educadores, que fueron preparados para educar.

Salvando las distancias se nos ocurre que lo otro es tan errado como si le pidiéramos al policía que se encargara de la educación en materia de seguridad, cuando su rol en la sociedad es la prevención y la represión del delito.

El inspector de tránsito debe cumplir su función, con mayor o menor rigor, según las directivas recibidas, pero debe cumplir su rol de fiscalizar el cumplimiento de las normas de tránsito y sancionar a los infractores, ni más ni menos.

La mano blanda, es muy peligrosa. Basta con que un inspector “se haga el distraído” y no cumpla con su función para que todo el sistema corra riesgo de colapsar. No estamos reclamando sanciones duras ante la mínima infracción, somos partidarios de las observaciones que corresponden, en todos los casos en que algo se hace mal, pero con la notificación debida.

No es posible que en las calles céntricas, con semáforo se siga parando sobre la franja reservada a los peatones, por ejemplo, ante la total indiferencia de los inspectores.

Quizás por ignorancia, quizás por saber que “no pasa nada”, igual, no se respeta la norma y esta es la mejor forma de corroer el sistema, de tirarlo abajo, porque los inspectores de esta forma van perdiendo autoridad y es lógico, el conductor les dirá obviamente después ¿esta infracción la vez, pero “aquella” no?.

Por eso entendámonos de una vez por todas, el inspector de tránsito cumple una labor de policía (prevención y fiscalización del cumplimiento de las leyes y otras normas sobre el tránsito), lo que no quita que lo haga con total corrección y profesionalismo. Así debe entenderlo y asumirlo. Si no está dispuesto a hacerlo, sencillamente no sirve para la función.

Ni más, ni menos.