Cada uno sabe cuán solidario es

Los uruguayos somos proclives a sentirnos y decirnos solidarios, pero ¿de qué tipo de solidaridad estamos hablando? ¿Qué concepto de solidaridad tenemos? ¿Somos realmente capaces de estar disponibles para dar una mano al que lo necesita, si es que no podemos hacerlo con dinero?
Si por solidaridad entendemos la posibilidad de figurar en un foto, en la televisión o sencillamente en la nómina que se difunde por televisión en ocasión de alguna de estas iniciativas, seguramente que es una tipo de solidaridad. Más aún, nadie revela por ejemplo, que muchas veces la mayor parte de este aporte pueden deducirlo de los gravámenes al Estado, vale decir que quien en realidad está aportando es el Estado uruguayo, que conformamos todos.
Pero hay otro tipo de solidaridad, probablemente más auténtica, la solidaridad de bajo perfil, aquella que pocas veces trasciende a nivel público, pero suele hacer aportes trascendentes.
Es que la solidaridad también se inculca, se enseña y transmite porque tiene que ver con el concepto de comunidad y por lo tanto la solidaridad más auténtica es la que se conoce y aprende en el seno familiar.
En momentos de las catástrofes, siempre surge la reacción impulsiva, el deseo de ayudar, de contribuir de alguna forma con las víctimas para disminuir su dolor, cosa que consideramos loable y ojalá nunca falte porque habla bien de una comunidad.
Pero como todo lo impulsivo, es también efímero y pronto desaparece. En esos momentos es cuando permanece en pie sólo la más auténtica solidaridad, cuando los días pasan y llega el momento en que hace falta mano de obra, materiales, trabajo de construcción y se requiere de las ayudas anunciadas que no siempre llegan en tiempo y forma.
Cuando pasado el impacto de las fotos y las imágenes de la tragedia, reaparece la burocracia, que todo lo enlentece, cuando no termina arruinándolo, aún a aquellas acciones hechas con la mejor buena voluntad, porque son los vicios y defectos propios del Estado uruguayo. En estas ocasiones suelen “desaparecer” o complicarse los voluntarios y cuando más se necesita son muy pocos, casi nadie diríamos, los que están para echar una mano.
Lamentablemente es la realidad que hemos hallado en más de una ocasión. Cuando lo que se necesita no es dinero, sino mano de obra, trabajo, queda al desnudo cuál es el verdadero concepto de solidaridad de la persona.