Caminando por la cornisa

e acuerdo a la Real Academia Española Policía es el “Cuerpo encargado de velar por el mantenimiento del orden público y la seguridad de los ciudadanos, a las órdenes de las autoridades políticas”.
Esta es una premisa incuestionable cuando se trata del orden público, como también son innegociables, o deberían ser los derechos de los trabajadores, cualquiera de ellos a reclamar lo que entienden que es justo y les corresponde.
Estos trabajadores, pueden ser públicos o privados, oficinistas o albañiles, domésticas o policías.
Cuando se dan todas las garantías para que esto suceda, se está demostrando – a nuestro entender – una madurez y una amplitud loable como nación democrática.
Ahora bien, la cuestión está en adquirir precisamente el grado de madurez imprescindible para entender que las manifestaciones de policías, transgrediendo disposiciones, que nunca permitieron transgredir a otros trabajadores debe ser una medida extrema, que no debería usarse a la ligera.
En el otro extremo de la cuestión, existe la necesidad de agotar las posibilidades de diálogo para evitar que se llegue a estos extremos.
No nos asusta ver las manifestaciones de policías. Nos preocupa el mal ejemplo de transgredir disposiciones expresas, cuyo respeto que nos han permitido, hasta el día de hoy mantener determinado límite de actividades y de funcionamiento, por encima de las diferencias y discrepancias que se presentan y aún cuando estas se están discutiendo.
Debemos tener en cuenta que nuestros derechos terminan donde comienzan los derechos de los demás. Esta es una premisa que rige para todos y en todo momento.
La libre circulación por la vía pública, ya sea nacional o internacional, ha sido un derecho permanentemente reclamado y exigido por nuestro país.
Cuando la Policía, que no es un gremio más, sino que es el encargado de resguardar el orden público y por lo tanto velar por la vigencia de los derechos del ciudadano, procede a cortar rutas, entonces se está caminando por la cornisa en la cuestión.
Se está creando confusión y acercándonos al caos. Hay que tener muy claras las consecuencias de esta medida, porque con ella se perjudica  específicamente el turismo, un rubro esencial para el país, del que dependen muchos uruguayos que en el verano acostumbran trabajar en el Este.
No desconocemos los derechos de la Policía a reclamar condiciones laborales dignas y el debido respeto a ellas, pero la interrogante es ¿justifica este reclamo la lesión a los derechos de los demás ciudadanos, precisamente en el mes “pico” de la actividad?.
Esta es la cuestión.
Ojalá sepamos resolverla de la mejor manera posible.
Alberto Rodríguez Díaz

De acuerdo a la Real Academia Española Policía es el “Cuerpo encargado de velar por el mantenimiento del orden público y la seguridad de los ciudadanos, a las órdenes de las autoridades políticas”.

Esta es una premisa incuestionable cuando se trata del orden público, como también son innegociables, o deberían ser los derechos de los trabajadores, cualquiera de ellos a reclamar lo que entienden que es justo y les corresponde.

Estos trabajadores, pueden ser públicos o privados, oficinistas o albañiles, domésticas o policías.

Cuando se dan todas las garantías para que esto suceda, se está demostrando – a nuestro entender – una madurez y una amplitud loable como nación democrática.

Ahora bien, la cuestión está en adquirir precisamente el grado de madurez imprescindible para entender que las manifestaciones de policías, transgrediendo disposiciones, que nunca permitieron transgredir a otros trabajadores debe ser una medida extrema, que no debería usarse a la ligera.

En el otro extremo de la cuestión, existe la necesidad de agotar las posibilidades de diálogo para evitar que se llegue a estos extremos.

No nos asusta ver las manifestaciones de policías. Nos preocupa el mal ejemplo de transgredir disposiciones expresas, cuyo respeto que nos han permitido, hasta el día de hoy mantener determinado límite de actividades y de funcionamiento, por encima de las diferencias y discrepancias que se presentan y aún cuando estas se están discutiendo.

Debemos tener en cuenta que nuestros derechos terminan donde comienzan los derechos de los demás. Esta es una premisa que rige para todos y en todo momento.

La libre circulación por la vía pública, ya sea nacional o internacional, ha sido un derecho permanentemente reclamado y exigido por nuestro país.

Cuando la Policía, que no es un gremio más, sino que es el encargado de resguardar el orden público y por lo tanto velar por la vigencia de los derechos del ciudadano, procede a cortar rutas, entonces se está caminando por la cornisa en la cuestión.

Se está creando confusión y acercándonos al caos. Hay que tener muy claras las consecuencias de esta medida, porque con ella se perjudica  específicamente el turismo, un rubro esencial para el país, del que dependen muchos uruguayos que en el verano acostumbran trabajar en el Este.

No desconocemos los derechos de la Policía a reclamar condiciones laborales dignas y el debido respeto a ellas, pero la interrogante es ¿justifica este reclamo la lesión a los derechos de los demás ciudadanos, precisamente en el mes “pico” de la actividad?.

Esta es la cuestión.

Ojalá sepamos resolverla de la mejor manera posible.

Alberto Rodríguez Díaz