Campo y ciudad: el mismo país, la misma gente, las mismas preocupaciones

Hoy vuelven a abrirse las porteras de la máxima fiesta del campo que llega a la ciudad para compartir por unos días con los pueblerinos. Aunque este concepto que se ha difundido profusamente, tiene poco de verdad en el Interior del país, porque los mismos productores y trabajadores rurales son los que tienen su familia o incluso viven en la ciudad, lo cierto es que en estos días el hombre de la ciudad tiene ocasión de apreciar el fruto del trabajo de la gente que trabaja la producción agropecuaria.
Es esta una ocasión para valorar el trabajo, para vivenciar el esfuerzo, el conocimiento y muchas veces el sacrificio de la gente que trabaja la tierra en estos dos rubros específicamente, como lo son la ganadería y la agricultura.
Uruguay sigue siendo un país fuertemente agropecuario y de la mano de la producción del campo se ha logrado acceder a determinada situación económica, que si bien pueda aún ser insatisfactoria,  seguramente que es importante reconocer que hoy el país goza de una situación que es sensiblemente mejor a la de algunos años atrás, sobre todo cuando los coletazos de la crisis del 2002 sacudió todos los estratos sociales.
Entender que el país es uno sólo y que el trabajo del hombre de campo es tan importante como el de la ciudad, es una de las premisas para valorar debidamente lo que el país es capaz de producir.
Seguramente que los intereses de cada uno de los sectores que conforman la trama social del país son diferentes e igualmente legítimos, cuando se encarrillan dentro del derecho y la legalidad.
Es por eso que los temas del campo deberían de ser tan importantes y preocupantes como los de la ciudad, a la hora de reclamar justicia, equidad, solidaridad y demás.
Las distinciones basadas en argumentos rebuscados no tienen razón de ser.
Hay temas y delitos que preocupan al hombre de campo, a los grandes, pero también a los pequeños productores, porque les son comunes. Hablamos por ejemplo del robo de los ganados.
El abigeato sigue siendo una sangría para el país. Hemos sabido de pequeños productores, como en el caso de pueblo Lavalleja, donde gente con muy pocos animales, criados con esfuerzo y sacrificando muchas veces el ahorro logrado de otras actividades, se les desaparece cuando los malvivientes les carnean los animales.
Más de uno de estos casos ha llegado a nuestro conocimiento y sabemos incluso de alguna demanda planteada al propio Ministerio del Interior, a nuestro entender, con todo derecho.
Hoy en la inauguración de la Expo Salto 2012 seguramente este tema volverá a estar presente porque es preocupación constante del sector.

Hoy vuelven a abrirse las porteras de la máxima fiesta del campo que llega a la ciudad para compartir por unos días con los pueblerinos. Aunque este concepto que se ha difundido profusamente, tiene poco de verdad en el Interior del país, porque los mismos productores y trabajadores rurales son los que tienen su familia o incluso viven en la ciudad, lo cierto es que en estos días el hombre de la ciudad tiene ocasión de apreciar el fruto del trabajo de la gente que trabaja la producción agropecuaria.

Es esta una ocasión para valorar el trabajo, para vivenciar el esfuerzo, el conocimiento y muchas veces el sacrificio de la gente que trabaja la tierra en estos dos rubros específicamente, como lo son la ganadería y la agricultura.

Uruguay sigue siendo un país fuertemente agropecuario y de la mano de la producción del campo se ha logrado acceder a determinada situación económica, que si bien pueda aún ser insatisfactoria,  seguramente que es importante reconocer que hoy el país goza de una situación que es sensiblemente mejor a la de algunos años atrás, sobre todo cuando los coletazos de la crisis del 2002 sacudió todos los estratos sociales.

Entender que el país es uno sólo y que el trabajo del hombre de campo es tan importante como el de la ciudad, es una de las premisas para valorar debidamente lo que el país es capaz de producir.

Seguramente que los intereses de cada uno de los sectores que conforman la trama social del país son diferentes e igualmente legítimos, cuando se encarrillan dentro del derecho y la legalidad.

Es por eso que los temas del campo deberían de ser tan importantes y preocupantes como los de la ciudad, a la hora de reclamar justicia, equidad, solidaridad y demás.

Las distinciones basadas en argumentos rebuscados no tienen razón de ser.

Hay temas y delitos que preocupan al hombre de campo, a los grandes, pero también a los pequeños productores, porque les son comunes. Hablamos por ejemplo del robo de los ganados.

El abigeato sigue siendo una sangría para el país. Hemos sabido de pequeños productores, como en el caso de pueblo Lavalleja, donde gente con muy pocos animales, criados con esfuerzo y sacrificando muchas veces el ahorro logrado de otras actividades, se les desaparece cuando los malvivientes les carnean los animales.

Más de uno de estos casos ha llegado a nuestro conocimiento y sabemos incluso de alguna demanda planteada al propio Ministerio del Interior, a nuestro entender, con todo derecho.

Hoy en la inauguración de la Expo Salto 2012 seguramente este tema volverá a estar presente porque es preocupación constante del sector.