Combatir el cáncer infantil es un derecho, no una dádiva

Seguramente es una de las acciones más altruistas de los seres humanos. Acompañar y estar disponibles para acompañar a los niños aquejados de esta enfermedad sin duda es dignificante.
El Uruguay está dentro de los países que se ocupan debidamente de los niños que padecen cáncer y de su familia.
Ya no sólo se trata de atenderlos, de acompañarlos, sino esencialmente de agotar las posibilidades de hallarles una curación, cuando esta es posible.
No es esta una concesión gratuita, no es por “lástima” o por misericordia que debe ayudárselos, sino que es su derecho y por justicia social esos niños y sus familias deben ser atendidos y debe agotarse las posibilidades de reintegralos sanos y saludables a la comunidad, donde seguramente tienen mucho para aportar.
Ayer se celebró el Día Internacional de lucha contra el Cáncer Infantil y el objetivo fue sensibilizar y concientizar de la situación que enfrentan estas familias en una situación que nadie elige, pero a algunos les toca padecer.
Cabe señalar que esos niños y sus familias muchas veces deben ser sometidos a tratamientos muy largos y extenuantes, sobre todo cuando se está, como en el caso de Salto a 500 kilómetros de la Capital, donde se dispone generalmente del tratamiento adecuado.
Uruguay tiene motivos para sentirse orgulloso de lo que se hace en esta materia, sobre todo por las acciones que llevan adelante instituciones como la Pérez Scremini o la Peluffo Giguens, aunque sus orientaciones difieran mucho.
Demostrar solidaridad, interesarse y comprometerse y hacer todo lo que se pueda para estar al menos disponible en la solidaridad que se plantee como forma de hacer lo que se pueda para ayudarlos es lo menos que se puede pedir a una comunidad consciente y comprometida con su niñez y en especial con los que más sufren.
Mientras procuramos saber cuáles son las principales causas de la aparición de estas enfermedades en forma tan temprana, mientras se investiga, se estudia, lo menos que podemos hacer es cobijar y dar contención a quienes deben enfrentar momentos tan amargos.
Pero de todas formas no debemos perder de vista que el derecho a obtener todo lo que se requiere, en cuanto a diagnósticos, medicamentos y tratamientos para combatir el cáncer es un derecho de todo integrante de la población del país, no una dádiva que se pueda conceder o no.
Al menos es lo que pensamos.
Alberto Rodríguez Díaz