Comencemos por asumir que todos tenemos culpa

Una de las primeras medidas a contemplar en la intención de ayudar a enfrentar las consecuencias de la pasta base y todas las denominadas “drogas pesadas”, es el rescate de aquellos jóvenes que aún son recuperables y a los que en algún momento de lucidez se logra motivarlos para que pongan de suyo lo imprescindible para salir de su situación, esto es el deseo de salir, sin el cual es imprescindible lograr siquiera el mínimo de voluntad para intentar recorrer el camino de la recuperación.
Entre las medidas anunciadas por el gobierno nacional, precisamente se menciona la internación de los adictos a la pasta base, aunque no se especifica de qué manera se lo haría, en qué casos y bajo qué condiciones.
En nuestra edición anterior nos ocupábamos precisamente del dolor de muchas familias que ven a sus hijos caer cada vez más al fondo del pozo con las drogas y se sienten totalmente impotentes para ayudarles a salir, al tiempo que notan el desamparo que el Estado  significa en estos casos.
Nadie ayuda. Ni la Policía, que no puede hacer nada en el interior de un hogar si no media una denuncia escrita y la correspondiente orden del juez. La Justicia, que no es partidaria de extender estas órdenes de internación, sobre todo si no cuenta con el aval del técnico psiquiatra en la materia.
Los técnicos y los centros de reclusión tampoco tienen potestad alguna para una  internación forzosa. El desamparo es total.
En el mal hábito de buscar culpables lo más rápido posible, podría decirse que en alguna medida es la propia familia, ya sea por acción u omisión la culpable de tener que enfrentar estas situaciones.
Nada más errado. Todos somos culpables en alguna medida y en especial la propia sociedad de nuestros días, que tiene la particularidad de no involucrar a nadie concretamente y de involucrarnos a todos.
Nosotros hemos permitido que se sembraran los “antivalores” que hoy rigen en la sociedad. El placer lo “justifica” todo. El placer de tener, ya sea dinero, fama, un automóvil, una moto o incluso el sexo. El placer es el motivo esencial para pasar incluso por encima de cualquier otro elemento a efectos de tener lo que quiero.
Es así que cuando se llega al punto de que no hay  escrúpulo alguno que me impida llegar a tener lo que quiero, así sea un “paco” de pasta base, no se repara en el daño, se vende todo lo que se tiene a mano y si alguien se opone incluso puede terminar mal.
Esta es la triste realidad, no hay exageración alguna y establecer los mecanismos imprescindibles para hacer el intento de rescate que corresponda  es una obligación de todos, no sólo del Estado, porque todos hemos sido parte de la generación del problema y todos lo sufrimos. Por lo tanto, todos tenemos responsabilidad en buscar una posible solución y este es uno de los primeros pasos.

Una de las primeras medidas a contemplar en la intención de ayudar a enfrentar las consecuencias de la pasta base y todas las denominadas “drogas pesadas”, es el rescate de aquellos jóvenes que aún son recuperables y a los que en algún momento de lucidez se logra motivarlos para que pongan de suyo lo imprescindible para salir de su situación, esto es el deseo de salir, sin el cual es imprescindible lograr siquiera el mínimo de voluntad para intentar recorrer el camino de la recuperación.

Entre las medidas anunciadas por el gobierno nacional, precisamente se menciona la internación de los adictos a la pasta base, aunque no se especifica de qué manera se lo haría, en qué casos y bajo qué condiciones.

En nuestra edición anterior nos ocupábamos precisamente del dolor de muchas familias que ven a sus hijos caer cada vez más al fondo del pozo con las drogas y se sienten totalmente impotentes para ayudarles a salir, al tiempo que notan el desamparo que el Estado  significa en estos casos.

Nadie ayuda. Ni la Policía, que no puede hacer nada en el interior de un hogar si no media una denuncia escrita y la correspondiente orden del juez. La Justicia, que no es partidaria de extender estas órdenes de internación, sobre todo si no cuenta con el aval del técnico psiquiatra en la materia.

Los técnicos y los centros de reclusión tampoco tienen potestad alguna para una  internación forzosa. El desamparo es total.

En el mal hábito de buscar culpables lo más rápido posible, podría decirse que en alguna medida es la propia familia, ya sea por acción u omisión la culpable de tener que enfrentar estas situaciones.

Nada más errado. Todos somos culpables en alguna medida y en especial la propia sociedad de nuestros días, que tiene la particularidad de no involucrar a nadie concretamente y de involucrarnos a todos.

Nosotros hemos permitido que se sembraran los “antivalores” que hoy rigen en la sociedad. El placer lo “justifica” todo. El placer de tener, ya sea dinero, fama, un automóvil, una moto o incluso el sexo. El placer es el motivo esencial para pasar incluso por encima de cualquier otro elemento a efectos de tener lo que quiero.

Es así que cuando se llega al punto de que no hay  escrúpulo alguno que me impida llegar a tener lo que quiero, así sea un “paco” de pasta base, no se repara en el daño, se vende todo lo que se tiene a mano y si alguien se opone incluso puede terminar mal.

Esta es la triste realidad, no hay exageración alguna y establecer los mecanismos imprescindibles para hacer el intento de rescate que corresponda  es una obligación de todos, no sólo del Estado, porque todos hemos sido parte de la generación del problema y todos lo sufrimos. Por lo tanto, todos tenemos responsabilidad en buscar una posible solución y este es uno de los primeros pasos.

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