Comenzó por una oveja para comer…

Cuando décadas atrás alguien robaba una oveja, la situación era muy diferente. Esencialmente un país en situación diferente, una represión diferente del delito a todo nivel y hasta un concepto diferente sobre este tipo de delito.

Todo esto llevaba a que la sociedad mirara el robo de una oveja con una óptica diferente,  “después de todo una oveja más o menos no va a fundir a nadie”, se insinuaba… y quizás el hombre precisaba alimentar a su familia.

Es más, el sistema jurídico nacional incluye disposiciones que admiten en caso de extrema necesidad, debidamente probada, el hurto para alimentarse-

Ahora bien, esta situación que quizás contó con un guiño cómplice de la sociedad en su momento sirvió para que se fuera instalando prácticamente un mal hábito, a su vez que se extendió la convicción de que “nadie va preso por robar una oveja…”

Fue así que se multiplicaron los ladrones de vacas de cerdos  y hasta caballos. Fue así también que aparecieron las bandas u organizaciones de ladrones dedicadas al robo y faena de animales en forma sistemática.

Fue así que en algunas ocasiones pudo probarse que había complicidades de funcionarios cuya función era precisamente la de controlar e impedir este tipo de delitos. Pero esencialmente fue así también porque la población en general fue abriendo la puerta al delito. Comenzó a cobijarlo, mediante la compra de carne en lugares no habilitados para ello, carne seguramente de dudosa procedencia, por lo menos.

Hoy en muchos barrios se sabe que hay almacenes o casas de familia sencillamente donde se puede comprar carne y seguramente que no son productores…

El sólo hecho de comprar carne o productos cárnicos en lugares no habilitados, es una complicidad con el delito.

En contrapartida, aquel robo de una oveja, también se multiplicó y hoy se roban decenas de ovejas y hay lugares donde lisa y llanamente no se pueden criar los animales, salvo que alguien se siente al lado permanentemente hasta que lleguen a la edad de faena.

Todo indica que se ha sido demasiado tolerante y lo que comenzó como una señal de magnanimidad, fue tomado como una señal de debilidad del sistema de seguridad y hubo muchos malvivientes  que se han aprovechado y se siguen aprovechando de la situación.

La salida a este complejo problema no será fácil, porque a nuestro criterio sólo tiene dos posibilidades: 1) el rechazo tajante de toda la población a las diferentes formas que tiene este delito 2) Una represión dura  y firme tanto de todo el sistema policial y judicial a quienes delinquen.

Por eso señalamos que lo que comenzó por “una oveja para comer…, puede terminar con todas las ovejas del país o su gran mayoría…”







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