Compartido pero rechazado

Uruguay no tiene un buen antecedente de diálogo interno.

Es más, los principales cambios, por ejemplo en el sistema electoral, sólo se han logrado en base a golpes de Estado o coercitivamente.

Cuando algunas de las iniciativas fueron sometidas a la voluntad popular, sólo algunas excepcionales han logrado superar esta etapa.

Hoy día hay grandes temas que siguen siendo imposibles de cambiar, aunque resulten casi absurdos, como lo es el propio sistema electoral, el voto de los ciudadanos en el extranjero y demás.

Con respecto al sistema electoral, es prácticamente el único que establece condiciones acérrimas para el denominado “balotaje” o segunda vuelta.

Solamente si una de las propuestas presidenciales obtiene más del 50 % de los votos emitidios (incluidos anulados y en blanco), se evita la segunda vuelta.

Esto no sólo lo hace sumamente costoso, sino también casi absurdo, dado que salvo cuando se puso en práctica por primera vez el sistema, en la segunda vuelta la reunión de las fuerzas opositoras, que salieron en segunda y tercera posición lograron superar el margen de votación de la que había resultado ganadora en primera instancia.

Fue en el año1999, cuando la unión de blancos y colorados, encabezados por Jorge Batlle, reunieron mayor número de votos que el Dr. Vázquez que se había impuesto en la primera vuelta.

Luego paulatinamente el sistema mismo se ha ido desgastando. A las elecciones siguientes Vázquez ganó sin necesidad de segunda vuelta y posteriormente, fue Mujica que en la segunda vuelta superó ampliamente a su oponente, Dr. Jorge Larrañaga.

Hoy tenemos una situación muy parecida a la anterior y nadie en su sano juicio se anima a predecir otra cosa que no sea el triunfo de quien ha llegado casi al 48 por ciento de los votos en primera instancia,pero de todas formas el sistema electoral obliga a una segunda vuelta, con todo lo que esto significa en cuanto a costo económico.

Similar es la situación de lo que sucede con el voto consular. Uruguay es de los pocos países del mundo que no otorga la posibilidad de votar en sus consulados en el exterior.

Es que quienes impusieron esta disposición  establecieron que para modificarla se requiere de una mayoría especial de parlamentarios (3/5), que resulta casi que inalcanzable.

Estas situaciones hablan a las claras que los intereses circunstanciales han predominado siempre y por lo tanto, si de algo no nos podemos jactar los uruguayos, es precisamente de una vocación de diálogo, porque sencillamente no la tenemos.

ruguay no tiene un buen antecedente de diálogo interno.
Es más, los principales cambios, por ejemplo en el sistema electoral, sólo se han logrado en base a golpes de Estado o coercitivamente.
Cuando algunas de las iniciativas fueron sometidas a la voluntad popular, sólo algunas excepcionales han logrado superar esta etapa.
Hoy día hay grandes temas que siguen siendo imposibles de cambiar, aunque resulten casi absurdos, como lo es el propio sistema electoral, el voto de los ciudadanos en el extranjero y demás.
Con respecto al sistema electoral, es prácticamente el único que establece condiciones acérrimas para el denominado “balotaje” o segunda vuelta.
Solamente si una de las propuestas presidenciales obtiene más del 50 % de los votos emitidios (incluidos anulados y en blanco), se evita la segunda vuelta.
Esto no sólo lo hace sumamente costoso, sino también casi absurdo, dado que salvo cuando se puso en práctica por primera vez el sistema, en la segunda vuelta la reunión de las fuerzas opositoras, que salieron en segunda y tercera posición lograron superar el margen de votación de la que había resultado ganadora en primera instancia.
Fue en el año1999, cuando la unión de blancos y colorados, encabezados por Jorge Batlle, reunieron mayor número de votos que el Dr. Vázquez que se había impuesto en la primera vuelta.
Luego paulatinamente el sistema mismo se ha ido desgastando. A las elecciones siguientes Vázquez ganó sin necesidad de segunda vuelta y posteriormente, fue Mujica que en la segunda vuelta superó ampliamente a su oponente, Dr. Jorge Larrañaga.
Hoy tenemos una situación muy parecida a la anterior y nadie en su sano juicio se anima a predecir otra cosa que no sea el triunfo de quien ha llegado casi al 48 por ciento de los votos en primera instancia,pero de todas formas el sistema electoral obliga a una segunda vuelta, con todo lo que esto significa en cuanto a costo económico.
Similar es la situación de lo que sucede con el voto consular. Uruguay es de los pocos países del mundo que no otorga la posibilidad de votar en sus consulados en el exterior.
Es que quienes impusieron esta disposición  establecieron que para modificarla se requiere de una mayoría especial de parlamentarios (3/5), que resulta casi que inalcanzable.
Estas situaciones hablan a las claras que los intereses circunstanciales han predominado siempre y por lo tanto, si de algo no nos podemos jactar los uruguayos, es precisamente de una vocación de diálogo, porque sencillamente no la tenemos.
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