Con fiscalizar no basta

El Tribunal de Cuentas (T. de C.) en nuestro país es una institución apolítica – aunque elegida por una mayoría parlamentaria especial –  tanto su función, como la forma de designación y demás, está prevista en la Constitución de la República.
Ahora bien, pese a que se trata de un órgano supuestamente apolítico – sus integrantes surgen siempre de un acuerdo político y por lo tanto todos ellos responden a una filiación determinada – sus decisiones no  tienen más poder que las de controlar, aconsejar, alertar, pero no llegan a otra  cosa.
Es más, aún cuando las observaciones a los poderes del Estado, pueden ser frecuentes, basta que el órgano observado reitere la decisión -generalmente el gasto – para que éste quede firme, es decir pueda ejecutarse, a pesar de la observación del T de C.
Esto ha llevado a que en algunos casos hasta se haya insinuado la posibilidad de eliminar a dicho órgano, aún cuando si bien no tiene poder para sancionar específicamente, sus observaciones “molestan” y proporcionan argumentos a quienes cuestionan las políticas o la gestión observada.
En estos momentos se está anunciando la llegada al país de equipamiento y tecnología que permitirán hacer más eficiente la labor del tribunal, pero de todas formas, su labor esencial no cambia. Es mas, para eliminarlo se requiere modificar la Constitución de la República, no se puede hacerlo por una simple ley.
Los constituyentes tuvieron la lucidez para establecer este sistema de control en la Constitución de la República. Seguramente eran otros tiempos y la sola observación del Tribunal bastaba para que se considerara suficiente motivo para que la población mirara con mayor detenimiento la forma de gobernar y las decisiones que los gobernantes llevaban a la práctica, sancionándolos luego al sufragar.
Lamentablemente con el tiempo esto ha sido prácticamente dejado de lado, las observaciones del T. de C. son tan  comunes y frecuentes que de hecho no tienen relevancia, aunque constituyan una alerta tanto para los gobernantes como para aquellos gobernados que se interesan en los pormenores de cada situación.
La tecnología que llega (un software específico y cerca de 1.500 laptops), para el Tribunal permitirá mejorar la eficiencia, los tiempos de los estudios, saber incluso por parte de los siete ministros que integran el órgano, como se han hecho los controles, pero no mucho mas si no se establecen formas específicas para que la ciudadanía tenga la posibilidad al menos de estar debida y frecuentemente interiorizada de las gestiones de cada gobierno.

El Tribunal de Cuentas (T. de C.) en nuestro país es una institución apolítica – aunque elegida por una mayoría parlamentaria especial –  tanto su función, como la forma de designación y demás, está prevista en la Constitución de la República.

Ahora bien, pese a que se trata de un órgano supuestamente apolítico – sus integrantes surgen siempre de un acuerdo político y por lo tanto todos ellos responden a una filiación determinada – sus decisiones no  tienen más poder que las de controlar, aconsejar, alertar, pero no llegan a otra  cosa.

Es más, aún cuando las observaciones a los poderes del Estado, pueden ser frecuentes, basta que el órgano observado reitere la decisión -generalmente el gasto – para que éste quede firme, es decir pueda ejecutarse, a pesar de la observación del T de C.

Esto ha llevado a que en algunos casos hasta se haya insinuado la posibilidad de eliminar a dicho órgano, aún cuando si bien no tiene poder para sancionar específicamente, sus observaciones “molestan” y proporcionan argumentos a quienes cuestionan las políticas o la gestión observada.

En estos momentos se está anunciando la llegada al país de equipamiento y tecnología que permitirán hacer más eficiente la labor del tribunal, pero de todas formas, su labor esencial no cambia. Es mas, para eliminarlo se requiere modificar la Constitución de la República, no se puede hacerlo por una simple ley.

Los constituyentes tuvieron la lucidez para establecer este sistema de control en la Constitución de la República. Seguramente eran otros tiempos y la sola observación del Tribunal bastaba para que se considerara suficiente motivo para que la población mirara con mayor detenimiento la forma de gobernar y las decisiones que los gobernantes llevaban a la práctica, sancionándolos luego al sufragar.

Lamentablemente con el tiempo esto ha sido prácticamente dejado de lado, las observaciones del T. de C. son tan  comunes y frecuentes que de hecho no tienen relevancia, aunque constituyan una alerta tanto para los gobernantes como para aquellos gobernados que se interesan en los pormenores de cada situación.

La tecnología que llega (un software específico y cerca de 1.500 laptops), para el Tribunal permitirá mejorar la eficiencia, los tiempos de los estudios, saber incluso por parte de los siete ministros que integran el órgano, como se han hecho los controles, pero no mucho mas si no se establecen formas específicas para que la ciudadanía tenga la posibilidad al menos de estar debida y frecuentemente interiorizada de las gestiones de cada gobierno.