Con gesto de hidalguía

La incidencia actual de los medios de comunicación masiva y en especial de la televisión, en la voluntad popular, es innegable. Tanto es así que según se ha señalado la inversión, en conjunto de los partidos políticos para la campaña de las actuales elecciones, se calculó en 4 millones de dólares y en su mayoría este dinero fue invertido en espacios publicitarios en la televisión.
Pero a su vez es muy alta la competencia entre los diferentes canales, en especial los privados, por la preferencia del público.
Cuando se trata de “picos” de la información, como lo es un acto eleccionario. Quienes entienden que la información se basa más que nada en la “primicia” (cosa bastante cuestionable al menos), hay un alto riesgo de cometer apresuramientos, imprecisiones o sencillamente errores.
Y en estos casos específicos quienes están sometidos a la mayor presión, son las encuestadoras, porque dentro de este concepto de “primicia” obviamente son casi diríamos que “acogotadas” para adelantar información, porcentajes, tendencias y cifras, antes que sus competidores.
En el marco de este panorama prácticamente vimos como algunos parecen olvidarse de las reglas básicas de lo que es la información seria y veraz. Se cometen errores, casi todos por la premura de adelantarse.
En una elección como la que está planteada en estos momentos y tratándose de proyecciones, con su debido margen de error, es obvio y racional que se cometan errores. Nadie puede esperar resultados “matemáticos” de los estudios de porcentajes y tendencias que hacen las encuestadoras.
A nuestro entender, todas estas empresas encuestadoras que trabajaron con seriedad y responsabilidad, demostraron una vez más la validez de estos trabajos.
Sin embargo, en esta premura, el politólogo Luis Eduardo González, de la Encuestadora Cifra en determinado momento de la noche del 25, dio como altamente probable la aprobación del plebiscito por la anulación de la Ley de Caducidad.
Una vez que las tendencias echaron abajo esta posibilidad, González tuvo la hidalguía de salir a disculparse públicamente ante los votantes de esta iniciativa tan sensible a la ciudadanía uruguaya, gesto que realmente debe entenderse y valorarse como tal, porque nos hace bien a todos los uruguayos y no son los más frecuentes, precisamente.
Nobleza obliga a no dejarlo pasar inadvertido.