Con todo respeto

La jornada cumplida el pasado martes en la Universidad de la República, con la participación de los ocho candidatos que disputarán el cargo de intendente de Salto dentro de una semana, ha sido un aporte positivo para que la ciudadanía tenga mayor información a la hora de formarse opinión y al momento de decidir. Esto es indudable pero a su vez desde el punto periodístico nadie puede sentirse satisfecho.
Es que si de periodismo bien entendido hablamos, hay que tener en cuenta de antemano que se trata de una confrontación de intereses.
Quien expone obviamente procura dar su óptica intentando en lo posible sacar el mayor rédito de la situación, esto es resaltando lo que beneficia su posición y minimizando o dejando de lado es incluso ocultando los temas que no le son favorables.
El periodista, que entiende su profesión como la búsqueda de la verdad, debe ser lo suficientemente sagaz para hurgar en aquellos puntos que el disertante o entrevistado no tiene interés en profundizar.
Por lo tanto el periodista tiene el deber de repreguntar, es decir, de profundizar, de hurgar en todos los puntos que entienda que no quedan claros, que se soslayan o que no aparecen en la exposición. Son las denominadas preguntas “incómodas” para el entrevistado, pero son precisamente las que hacen la diferencia entre una entrevista periodística y una exposición de ideas, proyectos o buenas intenciones.
Es obvio que el periodista tiene en sus manos la posibilidad de denostar, de difamar, de enredar y comprometer al entrevistado, pero nadie que esté tranquilo de sus acciones, de sus ideas y demás debe “temer” al periodista.
Siempre compartimos la máxima de que “no hay preguntas incómodas, puede haber respuestas incorrectas…”, vale decir que nada de lo que se pregunte es de por sí comprometedor o agraviante, pero sí puede serlo la respuesta.
Nadie que esté tranquilo de sus acciones, que procure hacer lo mejor posible su función, que sea honesto a carta cabal, puede sentirse “atacado” como se sienten algunos, porque nunca habrá argumentos suficientemente sólidos como para perjudicarlo, aún en el error o la discordia.
En cambio quien tiene “sombras” o algo para esconder sí que tiene motivos para ponerse nervioso ante algunas preguntas.
Quedan pocos días para definir nuestra voluntad ciudadana y es ahora, cuando todavía no entramos en la vorágine del bombardeo de publicidad y declaraciones, cuando todavía lo podemos hacer con serenidad, con tranquilidad y la debida responsabilidad que el tema merece.
Alberto Rodríguez Díaz