Conciencia ambiental: muy lejos de lo aconsejable

A propósito de la temática ambiental alguien nos preguntó si estamos lejos de entender que somos parte del mismo y que nuestra conducta influye sobre él, a lo cual respondimos que lamentablemente sí.
Podríamos entender que es una pregunta obvia. Todo lo que hace el ser humano incide sobre el medio que habita, pero la cuestión es en qué medida y cómo prevemos sus consecuencias.
En la madrugada de ayer martes al dejar el diario observé y lamenté la inconsciencia de un joven que habiendo descendido de un automóvil con su pareja y un niño, procedía tirar la yerba del mate contra el cordón de la vereda.
En la misma cuadra podían verse dos o tres tachos de residuos, en los que seguramente había lugar para depositar la yerba.
Pero lo que más me llamó la atención es que el joven lo hacía con total “naturalidad”, como si estuviera haciendo algo totalmente admisible y normal.
Concepto de limpieza e higiene de la ciudad “cero”, como dicen los jóvenes hoy.
Esto nos hizo pensar en las ciudades fronterizas de vecinos regionales, en las que nos llama la atención el descuido y la basura que observamos muchas veces.
No somos mejores, ni siquiera diferentes. Ni que hablar de lo lejos que estamos de algunas ciudades del hemisferio norte y de Europa, donde ni siquiera es posible tirar un papel en la calle sin arriesgar una reprimenda, totalmente justificada por otra parte.
En Salto es posible ver bolsas de residuos rotas y su contenido desparramado por doquier, despojos de podas y otros “cacharros” depositados en las veredas a veces durante varias semanas entendiendo que es a la Intendencia a quien corresponde recoger.
Ni que hablar de los extensos basurales que se pueden hallar a la vuelta de cualquier curva o lugar escondido de la vista pública.
Y conste que Salto tiene en buena medida, fama de ser una ciudad limpia y ordenada. No es la realidad de nuestros días y no sólo por el estado de los servicios públicos, sino porque los propios habitantes del departamento demostramos que tenemos muy poco apego a la limpieza y el orden.
No son aspectos que tengan costo económicos para el usuario, por lo menos el arrojar algunos elementos a la vía pública, pasa por la educación y el concepto que tengamos de estos aspectos.
Meses atrás se aprobó un listado de “faltas” por daños, descuidos o deterioro de los bienes públicos, pero la cuestión es ¿Quién controla y exige su cumplimiento? Si no hay nadie que realmente lo haga y para eso hay que encomendarlo específicamente, es lo mismo que no exista.