Confrontar es bueno, el extremismo es malo

El “clima” de confrontación que se vive en nuestro país en estos días es en alguna medida beneficioso y en otra muy malo.

Depende de la posición que demuestre cada uno de nosotros al ubicarnos en la situación.
Confrontar argumentos, cuestionar lo que entendemos que está mal, que debe hacerse en forma diferente, es una buena cosa.
Claro está que cuando la confrontación se cierra, cuando quienes cuestionan adoptan posiciones extremas y sólo admiten como solución la satisfacción total de sus reclamos, se vuelve contraproducente, rayana en el anarquismo opuestos absolutamente a toda salida racional, y esto no es seguramente lo que no queremos la mayoría de los uruguayos.
La lectura de la actual situación de enfrentamiento entre los denominados “autoconvocados” y el gobierno nacional, más que nunca representando a la izquierda, sin extremos, debe verse en toda su magnitud, con sus luces y sombras de uno y otro lado.
Cuando nos dejamos llevar por impulsos, por el fragor de un enfrentamiento entre una masa (se estimó en 50.000 los participantes en la reunión de Durazno) y el poder, nada bueno es posible conseguir.
Seguramente que hay buenos argumentos tanto de un lado como del otro. Hay verdades y razones tanto de un lado como del otro y también hay exageraciones e ignorancia de algunos aspectos de la situación tanto de un lado como del otro.
Cuando no se admite otra salida que la satisfacción plena de nuestros intereses arriesgamos caer plenamente en un extremismo contraproducente, al que no le sirve ningún orden. Ojo, no estamos diciendo que sea esta la posición de los “autoconvocados”, pero el riesgo de caer en esta posición existe.
En el otro extremo, el riesgo es el de caer en la soberbia del poder, en creer que el hecho de estar allí, de haber sido elegido por la mayoría del pueblo justifica todo lo que hagamos.
Se trata de confrontar ideas con “cabeza abierta”, conscientes de la situación contraria. Conscientes que todo país ordenado para hacer una buena gestión debe ordenarse para enfrentar las diversas situaciones. Se puede discrepar en este sentido sobre cual es la mejor forma de gestionar, pero no se puede hacerlo testarudamente desde una posición de intransigencia.
Confrontar buscando lo mejor, es dialogar.
Confrontar sin admitir nada que no sea la satisfacción total de nuestras demandas es anarquismo y en lo personal no lo admitimos.

A.R.D.







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