Conocer y aplicar la tecnología en su justo lugar

En los últimos días ha ha tomado estado público una divergencia entre el Ministro del Interior,  Eduardo Bonomi y la Suprema Corte de Justicia, en referencia a la utilización de las cámaras filmadoras instaladas en la capital de la República, como elemento de  prueba para diferentes acciones delictivas, que fueran registradas y sus autores quedaran debidamente filmados.
Bonomi había dicho que algunos jueces (que dependen de la SCJ) las utilizaban y otros no y lamentó que éstos no les hubieran dado importancia a las filmaciones, ni siquiera las han tenido en cuenta.
El tema es que estas afirmaciones cayeron pesadas en la Suprema Corte de Justicia y por lo tanto se promovió una reunión, que finalmente se cumplió el jueves último entre jueces, y ministros de la SCJ y el Ministro del Interior para saber en qué se basaban las afirmaciones de Bonomi.
Al finalizar la reunión de referencia que ambas partes calificaron de positiva, se reconoció que había faltado  comunicación entre ambas instituciones para presentar la nueva tecnología y explicarla debidamente ante los magistrados a efectos de mostrar las ventajas de esta herramienta probatoria.
La situación verificada a este nivel, se ve a menudo también en otros temas, donde la falta de una correcta comunicación transforma en obstáculos lo que debieran ser ventajas, elementos para el facilitamiento y la eficiencia de la tarea.
Es el caso de lo sucedido en esta ocasión. Si bien no todas las filmaciones permiten identificar a los autores de una acción, si hay procedimientos y filmaciones que muestran perfectamente rostros de los delincuentes.
Obviamente que no se trata de una prueba irrefutable, sobre todo si no permite identificar debidamente al autor de un delito, pero es una herramienta muy valiosa al momento de tratar de llegar a pruebas de un hecho.
Las cámaras, instaladas en Montevideo y en otros puntos del país, Salto entre ellos, de por si no pueden impedir un delito, pero pueden alertar a quien debería estar pendiente de su utilización cuando se está produciendo o por producirse un delito.
Menos aún puede detener a un delincuente, pero nadie puede negar que es una tecnología que ayuda bastante al combate de la delincuencia y puede servir para evitar errores o defectos a la hora de identificar al autor de un delito o de hacer justicia.
Conocer la tecnología para usarla como corresponde y lógicamente aplicarla y usarla debidamente, parece ser lo más indicado y a eso debe apuntarse.

En los últimos días ha ha tomado estado público una divergencia entre el Ministro del Interior,  Eduardo Bonomi y la Suprema Corte de Justicia, en referencia a la utilización de las cámaras filmadoras instaladas en la capital de la República, como elemento de  prueba para diferentes acciones delictivas, que fueran registradas y sus autores quedaran debidamente filmados.

Bonomi había dicho que algunos jueces (que dependen de la SCJ) las utilizaban y otros no y lamentó que éstos no les hubieran dado importancia a las filmaciones, ni siquiera las han tenido en cuenta.

El tema es que estas afirmaciones cayeron pesadas en la Suprema Corte de Justicia y por lo tanto se promovió una reunión, que finalmente se cumplió el jueves último entre jueces, y ministros de la SCJ y el Ministro del Interior para saber en qué se basaban las afirmaciones de Bonomi.

Al finalizar la reunión de referencia que ambas partes calificaron de positiva, se reconoció que había faltado  comunicación entre ambas instituciones para presentar la nueva tecnología y explicarla debidamente ante los magistrados a efectos de mostrar las ventajas de esta herramienta probatoria.

La situación verificada a este nivel, se ve a menudo también en otros temas, donde la falta de una correcta comunicación transforma en obstáculos lo que debieran ser ventajas, elementos para el facilitamiento y la eficiencia de la tarea.

Es el caso de lo sucedido en esta ocasión. Si bien no todas las filmaciones permiten identificar a los autores de una acción, si hay procedimientos y filmaciones que muestran perfectamente rostros de los delincuentes.

Obviamente que no se trata de una prueba irrefutable, sobre todo si no permite identificar debidamente al autor de un delito, pero es una herramienta muy valiosa al momento de tratar de llegar a pruebas de un hecho.

Las cámaras, instaladas en Montevideo y en otros puntos del país, Salto entre ellos, de por si no pueden impedir un delito, pero pueden alertar a quien debería estar pendiente de su utilización cuando se está produciendo o por producirse un delito.

Menos aún puede detener a un delincuente, pero nadie puede negar que es una tecnología que ayuda bastante al combate de la delincuencia y puede servir para evitar errores o defectos a la hora de identificar al autor de un delito o de hacer justicia.

Conocer la tecnología para usarla como corresponde y lógicamente aplicarla y usarla debidamente, parece ser lo más indicado y a eso debe apuntarse.







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