Corregir antes que tengamos que lamentar

Según lo que ha trascendido en los últimos días, las dificultades de aprendizaje, comenzando por la de comprensión que muestran los estudiantes uruguayos es alarmante.
No dudamos que sea esta una dificultad real. No lo es tampoco en otros lados, porque indirectamente es una consecuencia del “vale todo” que hemos permitido implantar con nuestra actitud permisiva en materia de educación.
La invasión de los juegos electrónicos, con su léxico, la terminología que permitimos que usen los niños y adolescentes, que muchas veces se transforma en verdaderos dialectos inentendibles para las personas mayores, son parte del problema.
Nadie puede dudar que esos niños, luego transformados en adolescentes, tendrángrandes dificultades para entender un texto de estudio, porque precisamente la escritura y el léxico que se usa en estos, no es el que ellos conocen y usan para comunicarse habitualmente.
En esto hay múltiple responsabilidad, comenzando por la familia que permite que en su hogar o en su entorno, los adolescentes se comuniquen de esta forma, también los maestros, los adultos todos y sobre todo quienes conducen la educación, es decir, marcan la política educativa y demás, porque hemos dejado puertas abiertas a esta debacle.
Estos estudiantes están sacando boletos seguros al frcaso escolar. De allí el alto número de jóvenes que NI estudia NI trabaja, que constituye una de las preocupaciones de todo el sistema político, si por preocupación entendemos sus declaraciones dialécticas.
Es que en realidad en el fondo, esta preocupación no pasa de eso, de poner el problema sobre el tapete y tratar de endilgarle la culpa a algún adversario político.
Siempre nos ponemos del otro lado del mostrador y recurrimos pronto al “yo no fui”. Es que mal que nos pese, ud., yo , el vecino y todos, tenemos parte de la culpa, quizás no la mayor parte, pero parte al fin, porque al menos hemos permitido con nuestra omisión que haya prosperado este léxico que redunda en una segura apuesta a la incomunicación. En ocasiones hemos escuchado por ejemplo “chica pena..”, cuando en realidad están haciendo referencia a un gran dolor.
Un jerarca municipal nos comentaba asombrado días atrás, que cuando se concurre a los barrios a hablar con los vecinos, si se trata de jóvenes, es casi imposible entenderlos porque usan términos que a menudo expresan específicamente lo contrario a lo que pretenden decir.
Es que nosotros hemos permitido esto y seguramente de no tomar las correcciones necesarias a tiempo, el mal seguirá avanzando.
¡No lo olvidemos!

Según lo que ha trascendido en los últimos días, las dificultades de aprendizaje, comenzando por la de comprensión que muestran los estudiantes uruguayos es alarmante.

No dudamos que sea esta una dificultad real. No lo es tampoco en otros lados, porque indirectamente es una consecuencia del “vale todo” que hemos permitido implantar con nuestra actitud permisiva en materia de educación.

La invasión de los juegos electrónicos, con su léxico, la terminología que permitimos que usen los niños y adolescentes, que muchas veces se transforma en verdaderos dialectos inentendibles para las personas mayores, son parte del problema.

Nadie puede dudar que esos niños, luego transformados en adolescentes, tendrángrandes dificultades para entender un texto de estudio, porque precisamente la escritura y el léxico que se usa en estos, no es el que ellos conocen y usan para comunicarse habitualmente.

En esto hay múltiple responsabilidad, comenzando por la familia que permite que en su hogar o en su entorno, los adolescentes se comuniquen de esta forma, también los maestros, los adultos todos y sobre todo quienes conducen la educación, es decir, marcan la política educativa y demás, porque hemos dejado puertas abiertas a esta debacle.

Estos estudiantes están sacando boletos seguros al frcaso escolar. De allí el alto número de jóvenes que NI estudia NI trabaja, que constituye una de las preocupaciones de todo el sistema político, si por preocupación entendemos sus declaraciones dialécticas.

Es que en realidad en el fondo, esta preocupación no pasa de eso, de poner el problema sobre el tapete y tratar de endilgarle la culpa a algún adversario político.

Siempre nos ponemos del otro lado del mostrador y recurrimos pronto al “yo no fui”. Es que mal que nos pese, ud., yo , el vecino y todos, tenemos parte de la culpa, quizás no la mayor parte, pero parte al fin, porque al menos hemos permitido con nuestra omisión que haya prosperado este léxico que redunda en una segura apuesta a la incomunicación. En ocasiones hemos escuchado por ejemplo “chica pena..”, cuando en realidad están haciendo referencia a un gran dolor.

Un jerarca municipal nos comentaba asombrado días atrás, que cuando se concurre a los barrios a hablar con los vecinos, si se trata de jóvenes, es casi imposible entenderlos porque usan términos que a menudo expresan específicamente lo contrario a lo que pretenden decir.

Es que nosotros hemos permitido esto y seguramente de no tomar las correcciones necesarias a tiempo, el mal seguirá avanzando.

¡No lo olvidemos!