Criar y proteger, pero jamás maltratar

El viernes último se conmemoró a nivel mundial el Día del animal. Noventa años después de que el 4 de octubre de 1929 la Organización Mundial de Protección Animal en Viena estableció que en esta fecha se habría de conmemorar anualmente el Día de los Animales.
Para la Iglesia Católica la conmemoración se basa en la vida de San Francisco de Asís, quien llamaba “hermanos” a los animales y a todos los elementos de la naturaleza.
La apuesta al futuro es asumir las enseñanzas que tienen su génesis en libros que nos llevan al principio de todo. Los animales tienen derechos y el hombre como un animal más, también los tiene, con la salvedad que como animal inteligente tiene el poder de dominar a aquellos y servirse de ellos. De todo esto lo que debe comprenderse es que esto no supone abusar, ni maltratar de los animales, porque en buena medida dependemos de ellos, tanto para la vida en cuanto nos alimentamos de muchos de ellos, como para vestirnos y hasta protegernos de la inclemencia de la naturaleza en algunos casos. Como cristianos participamos del concepto que el hombre fue puesto sobre la tierra para “señoriar” (o valerse) o aprovechar todos los recursos existentes sobre ella.
Nuestro concepto de “señorío” sobre estos recursos significa mantener conductas tales que impidan la extinción de los animales y también la exagerada proliferación de algunos de ellos que se constituyan en amenaza para la subsistencia de otros.
Esto que parece bastante sencillo es difícil de lograr, prueba de ello es lo que sucede con las jaurías de perros abandonados en zonas sub urbanas y rurales, que en algunos casos constituyen amenazas letales para otros animales. Tampoco es de recibo la irresponsabilidad con que se manejan otros recursos que constituyen el hábitat natural para muchísimas especies de animales. Nos referimos al incendio de la selva amazónica. Cataloga como una de las catástrofes ambientales más grandes que ha conocido la humanidad hasta el momento, el incendio ha afectado tierra, agua y aire y seguramente serán muchas las especies animales que verán amenazada su existencia por la destrucción de su hábitat.Y no sólo se trata de la destrucción de la selva, hábitat también de algunas de las pocas tribus indígenas que aún viven plenamente de la naturaleza, sino también de las consecuencias que acarreará la destrucción de la cadena alimentaria desde las especies menores.
Ojalá aprendamos que los humanos no somos más que un eslabón en la cadena y esto no nos da derecho a maltratar a los demás animales.
A.R.D.