Cuando el hombre olvida su pequeñez en la naturaleza

Cuando los armadores del Titanic lo botaron al mar, consideraron que toda la tecnología que tenía el entonces barco más grande y lujoso del mundo, lo hacía insumergible.

La construcción por módulos llevaba a considerar que, aún en caso de accidente en uno de estos módulos, la nave era capaz de mantenerse a flote.

Sin embargo, el bloque de hielo que impactó contra la nave demostró lo contrario, pese a toda la tecnología el barco terminó hundido y causó la mayor tragedia marítima en tiempos de paz, con alrededor de 1.500 muertos y sólo unos 700 sobrevivientes.

En abril próximo se cumplirán los 100 años de esta tragedia. Paradójicamente en nuestros días el encallamiento de otra nave similar,  dejó -felizmente – un saldo de pérdida de vidas humanas muy inferior (se estima que serán alrededor de una treintena).

El Costa Concordia, el mayor crucero de bandera italiana que navegaba en estos momentos, también terminó encallado, a pesar de su enorme porte y de la última tecnología que disponía.

El salvataje fue muy diferente, ya fuera por la cercanía de la costa de la que se hallaba el barco, como de los botes salvavidas que en este caso sí fueron usados debidamente, más allá de la polémica existente sobre la actitud del capitán del barco en la ocasión.

Pero lo que nos interesa rescatar en este sentido, es precisamente las actitudes de las personas que tienen a su cargo estas enormes naves. Todo lleva a entender que la confianza en las tecnologías y en las condiciones generales de estos gigantes del mar, las pusieran más allá de las posibilidades de la fuerza de la naturaleza.

Nos obliga a pensar que hay un exceso de confianza y, para decirlo con claridad, un tanto de soberbia, al considerar de alguna manera que nada puede hundir a estas naves.

En el caso del Titanic, todavía no se ha podido descifrar por qué la presencia de tamaña montaña de hielo no fue advertida a tiempo.

En el caso del Costa Concordia, queda claro que hubo imprudencia al acercarse tanto a la costa, pero también se descuenta que hubo irresponsabilidades en quienes deben estar permanentemente vigilantes de las condiciones del mar donde navegan, sobre todo cuando se está haciendo una operación con características riesgosas.

Se supone que esta nave tenía el más moderno equipamiento de navegación, incluyendo ultrasonido, para descubrir la presencia de posibles objetos imprevistos o no señalizados, pero no se sabe por qué ninguna de las personas a cargo de esta función notó la presencia de la roca que abrió el rumbo en el casco.

Dentro de todo, siempre es bueno recordar que el hombre es un ser minúsculo en la grandeza de la naturaleza y cuando olvida este aspecto, está sujeto a sufrir las consecuencias, como en estos casos.







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