Cuando el periodismo se ejerce con pasión y entrega

Hoy se conmemora en todo el país el Día del Periodista y nos parece oportuno reflexionar sobre la profesión que nos involucra.
Hoy en el país existe la licenciatura universitaria de Comunicación Social, una de cuyas ramas es precisamente el periodismo.
Sin embargo la existencia de esta carrera universitaria en el país, no ha sido acompañada hasta el momento por un interés real y concreto en dar entrada a los egresados en los medios de comunicación masiva a quienes están formados en esta carrera, aspecto que para nosotros es sustancial a la hora de jerarquizar la profesión.
Tenemos muy claro que el periodismo es anterior a la academia, e incluso anterior a la cinta magnética (grabación), que hoy se considera prácticamente imprescindible a la hora de comunicar.
Significa que no desdeñamos la experiencia, la formación empírica de quienes hemos recibido formación transmitida por otras personas que desempeñaron antes el oficio con mucho acierto.
No desdeñamos tampoco el hecho de que el valor más grande para cualquier periodista es el temple y el arrojo para tocar temas “complicados”, difíciles, que generalmente suelen afectar poderosos intereses.
Hoy más que nunca recordamos a todos los que han pagado con su vida esta intrepidez y no sólo periodistas, sino jueces, fiscales, autoridades que siguen estando en la mira de quienes atormentan a las comunidades en nuestros días.
Se ha dicho y con razón parcial, que la academia no forma periodistas, sino “tecnólogos en comunicación”. Vale decir que no da el arrojo, el coraje y la intrepidez que requiere un periodista que se jacte de ejercer profesionalmente esta misión. Pero para nosotros, quien trae estas condiciones, las ve acrecentadas con el conocimiento, la formación que otorga la academia y de allí que podamos decir que lleva una gran ventaja.
En tanto la intuición, o creer que el periodismo “es fácil” porque se trata de preguntar o de escribir, se equivoca. El periodismo tampoco se transmite por “ósmosis” (o contacto), diríamos que se trae en la sangre y quien pretende ejercerlo a carta cabal, debe saber que es hoy una de las profesiones de mayor riesgo en el mundo.
Con esta línea queremos transmitir a todos nuestros antecesores, que han prestigiado esta profesión nuestro mayor reconocimiento.
Alberto Rodríguez Díaz