Cuando la asistencia se vuelve imprescindible

Interrumpir o abreviar la zafra de citrus en la región acarrearía consecuencias de verdadero desastre social. La citricultura sigue siendo la mayor fuente de ocupación de la zona, al menos en la zafra de recolección y procesamiento de la fruta. Se estima que alrededor de 12 mil personas tienen en «la naranja» como se le denomina a nivel popular, y los rubros que están vinculados a esta producción  y comercialización, su fuente de ocupación por seis u ocho meses.
Ningún otro rubro de producción ocupa tanta mano de obra y durante tanto tiempo en el año, cabe imaginar por lo tanto el problema social que esto significaría.
Tiene además otra particularidad, las mujeres han ido ganando terreno al punto que hoy su número es igual o superior al de los hombres.
La producción de citrus sólo es posible a campo abierto, es decir que se trata de una producción sumamente vulnerable por la inclemencia del tiempo en cuanto a las temperaturas extremas, en especial frío, como ha sucedido en esta ocasión.
Según el propio Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca, un mes atrás hemos tenido las peores heladas de los últimos 40 años. No hubo variedad alguna que escapara al daño provocado por el hielo formado a raíz de las bajas temperaturas.
Las consecuencias han sido nefastas. La fruta que no cayó del árbol está dañada a punto tal, que se considera que será muy difícil exportarla.
Un técnico vinculado al sector nos explicaba que no sólo se trata de la fruta y los árboles que han sufrido las consecuencias de las heladas, sino que también se anticipa que habrá dificultades en la exportación, dado que la fruta ha perdido calidad y por lo tanto, no accederá a los mercados a los que accede en años normales, sino a otros de menor calidad.
La fruta uruguaya tendrá que competir con la que proviene de otros países, donde la citricultura no alcanza la calidad de la que aquí se produce, pero en este caso puede hacerlo y el precio tampoco será el más rentable, por supuesto.
En definitiva, un montón de problemas y dificultades para enfrentar, pero ninguno de tanta gravedad como el problema social que habrá de acarrear una interrupción o abreviación de la zafra.
Por un mínimo de sensibilidad, el Estado deberá tomar cartas en el asunto. Las familias que tienen en la citricultura su fuente de ingresos deberán ser protegidas, dado que tienen riesgo incluso de no completar los meses de trabajo que constituyen el mínimo exigible para el seguro de desempleo.
Por lo tanto se trata de un caso en que la solidaridad estatal resulta imprescindible.

Interrumpir o abreviar la zafra de citrus en la región acarrearía consecuencias de verdadero desastre social. La citricultura sigue siendo la mayor fuente de ocupación de la zona, al menos en la zafra de recolección y procesamiento de la fruta. Se estima que alrededor de 12 mil personas tienen en «la naranja» como se le denomina a nivel popular, y los rubros que están vinculados a esta producción  y comercialización, su fuente de ocupación por seis u ocho meses.

Ningún otro rubro de producción ocupa tanta mano de obra y durante tanto tiempo en el año, cabe imaginar por lo tanto el problema social que esto significaría.

Tiene además otra particularidad, las mujeres han ido ganando terreno al punto que hoy su número es igual o superior al de los hombres.

La producción de citrus sólo es posible a campo abierto, es decir que se trata de una producción sumamente vulnerable por la inclemencia del tiempo en cuanto a las temperaturas extremas, en especial frío, como ha sucedido en esta ocasión.

Según el propio Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca, un mes atrás hemos tenido las peores heladas de los últimos 40 años. No hubo variedad alguna que escapara al daño provocado por el hielo formado a raíz de las bajas temperaturas.

Las consecuencias han sido nefastas. La fruta que no cayó del árbol está dañada a punto tal, que se considera que será muy difícil exportarla.

Un técnico vinculado al sector nos explicaba que no sólo se trata de la fruta y los árboles que han sufrido las consecuencias de las heladas, sino que también se anticipa que habrá dificultades en la exportación, dado que la fruta ha perdido calidad y por lo tanto, no accederá a los mercados a los que accede en años normales, sino a otros de menor calidad.

La fruta uruguaya tendrá que competir con la que proviene de otros países, donde la citricultura no alcanza la calidad de la que aquí se produce, pero en este caso puede hacerlo y el precio tampoco será el más rentable, por supuesto.

En definitiva, un montón de problemas y dificultades para enfrentar, pero ninguno de tanta gravedad como el problema social que habrá de acarrear una interrupción o abreviación de la zafra.

Por un mínimo de sensibilidad, el Estado deberá tomar cartas en el asunto. Las familias que tienen en la citricultura su fuente de ingresos deberán ser protegidas, dado que tienen riesgo incluso de no completar los meses de trabajo que constituyen el mínimo exigible para el seguro de desempleo.

Por lo tanto se trata de un caso en que la solidaridad estatal resulta imprescindible.