Cuando la ciencia se da de bruces con la realidad

Por estos días se ha planteado una polémica sobre la pertinencia de establecer la reclusión obligatoria para toda la población uruguaya como lo ha reclamado el Sindicato Médico del Uruguay (SMU) y varias gremiales sociales, hasta el ex presidente del país y médico oncólogo, Dr. Tabaré Vázquez o la reclusión voluntaria parcialmente lograda tras la reiterada solicitud del gobierno nacional.
No tenemos duda alguna que la posición científica es la forma más efectiva de lograr éxito más rápidamente en la lucha contra el coronavirus, pero tampoco tenemos duda alguna que el reclamo científico, con ser el más acertado científicamente, no tiene en cuenta la realidad social, sobre todo de los sectores más pobres de la sociedad.
Nos retrotrae a décadas atrás, cuando en el hospital Salto, veíamos indicar a muchas personas que cambiaran de alimentación, “tienen que comer mucha fruta y verduras”, era el consejo habitual de muchos galenos a los pacientes.
Como a muchos de estos conocíamos, sabíamos que no tenían recursos, ni posibilidad alguna de adquirir los alimentos que les aconsejaban, por la sencilla razón que se alimentaban con lo que podían y lo que llegaba a sus manos.
En una palabra, una medida seguramente correcta y beneficiosa, pero imposible de llevar a la práctica por más que estas personas quisieran hacerlo.
Es lo mismo que vemos estos días. Existe una especie de condena pública a quienes salen a la calle. No se tiene en cuenta que algunas de estas personas salen empujadas por su realidad, “me cuido, no salgo a la calle, no me enfermo del coronavirus… pero el hambre y la desnutrición me obligan a salir, no sólo por nosotros, sino muchas veces por nuestras familias, nuestro niños y ancianos…”.
Es la cruda realidad y mal que le pese a la ciencia, nos alineamos a la exhortación, a la convicción, y no a la obligación, aunque no tengamos duda alguna que es la medida más efectiva para combatir la plaga, pero no es posible llevarla a la práctica, por la sencilla razón de que no es razonable hacerlo. Si se obligará a la población a mantenerse en el ámbito de su casa, a una población envejecida como la uruguaya en todos los casos, seguramente se corre el riesgo de generar un caos social, una situación altamente controvertida pero clara y contundente, no queremos un Uruguay sólo para los más pudientes, para quienes pueden recluirse por muchos días, sin trabajar, sin salir, sin tener incluso que dejarse ver, porque sería nefasto para todos.
A.R.D.