Cuando la salud pasa a ser un elemento inaccesible

Un renombrado médico nos expresó tiempo atrás, “los países tienen la salud que sus recursos les permiten” En el primer mundo la tecnología y los recursos permiten mantener con vida – a quien puede pagar el tratamiento – mucho más tiempo de lo que se puede hacerlo hoy en cualquier país del denominado “tercer mundo”, cuando se enfrentan enfermedades terminales.
Seguramente que razón no le falta al galeno, lo que está en discusión es en cambio ¿cual es la medida de recursos que debiéramos destinar a preservar la salud de la población? O qué el país puede y debe destinar a estos efectos.
He aquí el tema. Esto supone asumir que la vida tiene un comienzo y un final y nadie puede evitar que se llegue al final del camino.
Se puede extenderlo seguramente, pero la cuestión es en qué medida.
Todo esto viene a raíz del tema de los medicamentos costosos.
Con un criterio sumamente materialista e inhumano se puede cortar el hilo por la parte más débil, pero estamos hablando de la salud y de la vida de la persona.
Hoy es difícil conseguir que el Estado o las mutualistas privadas aporten determinados medicamentos, por la sencilla razón de su costo.
Es una cuestión que va mucho más allá de la decisión de otorgarlo o no, que pasa a ser discrecional en cada caso.
Por una tema de justicia, debería de existir un criterio único, general que ampare a cada ciudadano uruguayo – sea quien sea y tenga el dinero o el poder que sea – y es el de otorgarle lo que necesita para extender su vida en buenas condiciones.
La mensualidad de una mutualista en forma particular cuesta hoy algo así como 1.600 pesos, más de 50 dólares (más del 10 por ciento de un sueldo mínimo), pero además, de esto, cada vez que el afiliado debe atenderse debe abonar órdenes, ya sea de policlínica, órdenes a domicilio, de análisis o de medicamentos, etc. etc.
El delgado hilo acá está entre el costo de los servicios médicos y la capacidad de pago de los abonados. Está entre el negocio de la medicina y el servicio que supone el juramento hipocrático.
Por sencillo que parezca, es una cuestión delicada, un tema que tiene muchas complejidades y que no suele se resuelve sólo con cierto humanismo, como algunos creen, porque está relacionado al mundo tremendamente materialista de nuestros días, donde quiene vende equipos, medicamentos y demás no tiene rostro, nadie sabe quien o quienes son, se identifican con firmas anónimas que no saben de humanismo y sensibilidad precisametne, sino únicamente de números, dinero, y ganancias que nunca les es suficiente….
Tienen inversiones en investigación, en tecnología y obviamente que aspiran legítimamente a sacar ganancia de ello.
En suma, cuestión es obrar con el máximo de justicia social para todos y en todos los casos.
Alberto Rodríguez Díaz







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