Cuando la vida poco importa

En la mañana del 8 de enero último un avión ucraniano, que había partido de Paris y se dirigía a Alaska, fue derribado cerca de la capital Teherán, de Irán. Esa misma noche Irán lanzó un ataque a dos bases norteamericanas ubicadas en la ocupada Irak y luego explicó que el avión ucraniano fue derribado por “accidente” debido a un error humano, creyendo que era una respuesta estadounidense al bombardeo de las bases norteamericanas en Irak.
El hecho costó la vida a 82 iraníes, 57 canadienses, 11 ucranianos, 10 suecos, 4 afganos, 3 alemanes y 3 británicos, entre otros. En total se informó de 178 víctimas, porque no hubo sobrevivientes ni entre los pasajeros, ni entre la tripulación.
Seguramente más de una familia y de personas que esperaron mucho para realizar este vuelo de vacaciones, de trabajo o sencillamente de expectativas lejos del convulsionado mundo donde vivían.
Hasta el momento el reclamo de Ucrania por el hecho se limita a que Irán pague un resarcimiento a familiares de las víctimas, a que pida disculpas y asuma que fue el responsable del hecho.
Es una cruel muestra del mundo de nuestros días, en que la vida humana poco importa. Se trata de 178 personas, no trascendió cuántos de ellos eran niños, que sin tener nada que ver con la maldita guerra, pagaron con su vida el “error” humano que llevó a derribar el avión en que viajaban.
No se trata de un “accidente” (¿o negligencia?) humano que nadie explica como pudo suceder, pero que los involucrados en la guerra admiten que “puede suceder”, porque están proclives a ver enemigos en todas partes y se mantienen en estado de alerta máximo.
Así estamos. La vida de estas personas ha pasado a ser números, ¡Vaya error! El que se ha cometido. Para nosotros son 182 asesinatos, crímenes de los que lisa y llanamente alguien deberá responder algún día y obviamente que no es quien ha apretado un botón para disparar los mortíferos misiles, sin quien o quienes están detrás de cada guerra, mercaderes de la muerte a quienes no les importa otra cosa que satisfacer su ambición de dinero, bienes o poder como paso previo para lo otro.
Por nuestra parte entendemos que no basta con el resarcimiento económico o el reconocimiento del “accidente”, sino que es necesario poner fin a la barbarie y a estas guerras irracionales, sólo motivadas por las ambiciones humanas y sobre todo por los fabricantes de armas.
A.R.D.