Cuando manda el mercado

En estas columnas nos hemos referido a las dificultades que enfrenta la citricultura a nivel mundial. Dificultades que son fundamentalmente de dos órdenes.
Las sanitarias, (HLB) que procedente del Asia ha llegado al subcontinente americano para quedarse, debido a las enormes dificultades que supone su eliminación y el costo de la renovación de los montes y las comerciales.
Es en cuanto a este segundo aspecto que queremos referirnos hoy. El mercado norteamericano, principal objetivo de cualquier producción latinoamericana, no solo es un mercado superficial, banalizado y derrochón, sino que prefiere consumir productos que no sólo atentan muchas veces contra el medio ambiente, sino que también priorizan aspectos lamentables.
En el caso de los citrus que nos ocupa en la presente jornada, prefiere aquellos que no tienen semilla, que no tienen un aroma fuerte y que presentan una cáscara fina, fácilmente eliminable.
Todo bien, pero estos aspectos hablan de un consumidor haragán, que prefiere no tener que lavarse las manos luego de consumir naranjas o no andar depositando las semillas luego de consumir la fruta.
Es uno de los elementos más lamentables, en cuanto nuestra citricultura está basada en los mercados tradicionales, que valoran y destacan la fruta por su color, tamaño, grado de sabor más que nada, aspectos que aparentemente son relativizados por los nuevos consumidores.
Con todo respeto, entendemos que esto un signo de lo errado que estamos en materia de preferencias. Pretender cambiar los frutos de la naturaleza, es a nuestro entender un error. Nada tenemos contra los híbridos, contra los transgénicos, por la sencilla razón de que es un tema que no conocemos, pero nuestra postura va en línea con los productos naturales, con el fruto de una naturaleza que nos ha sido regalada y nos provee de todo lo necesario en las condiciones necesarias para nuestra subsistencia.
Asumimos que le mundo actual debe adaptarse a los cambios que muestran los mercados y los grandes consumidores en general, pero no todo los cambios son buenos ni van en la dirección correcta.
No siempre el “mejoramiento” de las condiciones de una producción es recomendable, porque no siempre un mejor rédito económico significa cuidar y preservar lo que tenemos.
No desconocemos la necesidad de adaptarnos a los nuevos tiempos y producir lo que los mercados demandan, pero esto no significa compartir las líneas de producción que esto supone.
A.R.D.