Cuanto de razón tenían…

Una de las primeras acciones de los técnicos italianos que llegaron casi 40 años atrás al lugar donde se abocarían a la construcción de la represa de Salto Grande fue instalar un cartel, el que rezaba más o menos así: “Ninguna obra en el mundo ha costado tantas vidas como la carretera. ¡Maneje con prudencia!

Cuanta razón han tenido y cuanta sapiencia en ese cartel.

No sólo que Salto Grande tuvo casi un récord en materia de seguridad laboral, con uno de los índices de accidentes más bajos del mundo en el tipo de obras, sino que la cantidad de personas que ha muerto desde entonces, tan sólo en las cercanías de la represa alcanza seguramente a varias decenas y siguen muriendo debido a los accidentes de tránsito.

La cuestión es que en realidad, más que accidentes -tal como sostiene la UNASEV – se trata de “siniestros”, o acciones provocadas por imprudencias, descuidos o irresponsabilidad.

Vale decir que mal que nos pese muchas veces la culpa de los hechos, que pueden llegar incluso a ser fatales, la tenemos nosotros mismos. Ya sean las víctimas o los “victimarios” por así decirlo.

Pero lo más triste de esto, es que el propio sistema lleva a que tarde o temprano el hecho pase al olvido.

En una sociedad que se preocupa notoriamente más por el que está vivo, que por la víctima o sus familiares, difícilmente aprendemos que lo mejor que puede hacerse en este sentido es tratar de evitar estas situaciones, prevenir antes que lamentar.

Las imprudencias y actos de falta de responsabilidad en el tránsito salteño son cotidianas.

Las motos que circulan excedidas de velocidad y por cualquier parte, que adelantan en cualquier lugar, que no tienen luz, son muchas. Todos las vemos y las conocemos, menos quienes tienen la obligación de fiscalizar estas infracciones.

Existe una suerte de apuesta a tentar la desgracia. Es difícil que un motonetista adolescente o joven piense, por ejemplo que se le puede atravesar en el camino uno de los tantos perros sueltos que deambulan por nuestras calles a cualquier hora.

Estamos seguros que la mayoría de estos motonetistas, cuando aprietan el acelerador a fondo en las esquinas, en lugar de entreparar, lo hacen convencidos de que “justo en ese segundo en que voy a pasar es imposible que coincida  con otro desde el otro lado…”

Esta inconsciencia está en la base y en la enorme mayoría de los accidentes o mejor dicho siniestros, para utilizar la terminología de UNASEV, que se ven a diario en nuestras calles.

Ojalá pudiéramos aprenderlo antes que siga corriendo sangre por estas imprudencias.