Cuestión conceptual

Sabemos que el tema que planteamos hoy, tiene tantas adhesiones como rechazos, pero de todas formas seguimos insistiendo en él, porque se trata de una cuestión conceptual.
Hemos sostenido reiteradamente en estas columnas que no consideramos “noticia” los anuncios de bombas, las amenazas de muerte y similares.
Y no las consideramos noticia, en tanto no tengan al menos algún indicio que nos lleven a creer que pueden ser veraces.
En estos momentos en que el avance de la tecnología, al tiempo que nos ofrece innegables beneficios y facilidades en cuanto a la comunicación, también permite su mal uso, quienes se aprovechan de estas posibilidades para hacer daño o intentar hacerlo al menos, también tienen en la tecnología una herramienta muy util que les permite manejarse desde las sombras del anonimato.
La cuestión está entonces en saber cómo ubicarnos frente a las llamadas anónimas, los mensajes de texto y similares que hoy proliferan, incluso en las redacciones de los diarios.
Hay medios que tienen por criterio correr detrás de todo lo que les dicen o les hacen saber.
Se prestan para poner el micrófono, el grabador o las cámaras ante la boca de todos quienes quieran hablar, muchas veces sin ton ni son. Muchas veces para sostener argumentos absurdos o tan inconsistentes que nos llevan a creer que los medios que los recogen son ingenuos o sensacionalistas.
Para nosotros la responsabilidad social va mucho más allá de eso. La noticia tiene necesariamente que tener sustento. La veracidad no es un simple eslogan, pretendemos ser capaces de discernir siempre – aún a riesgo de equivocarnos como todo ser humano– si estamos informando de algo con visos de verdad al menos.
En caso contrario nos estaríamos prestando a esa suerte de “bromas” que se generan muchas veces en ámbitos estudiantiles o a veces en otros con determinados fines y que una vez que obtienen lo que buscan con su patraña: trascendencia púbica, aparecen otros y proliferan.
Esto es, en alguna medida  prestarse a esa suerte de circo, es secundar una maquinaria maliciosa, que produce pérdida de tiempo, esfuerzos inútiles, cuando no otros daños maquiavélicamente planeados.
En otros casos, pueden sencillamente ser manifestaciones de intolerancia, de extremismos, a los que tampoco estamos dispuestos a darle realce.
Por eso nuestros lectores notarán que muchas veces las “noticias” de amenazas que aparecen en otros medios, cubiertos con gran despliegue y que en el fondo, comprueban que no ha sido más que una patraña, no las encuentra en EL PUEBLO.
Esta es la razón y seguiremos aferrados a ella, cueste lo que cueste.
Alberto Rodríguez Díaz