Cuestión de ética más que de derecho

Las bancas en los órganos legislativos de nuestro país, llámense diputados, senadores, ediles o concejales, son electivas, vale decir que la ciudadanía elige mediante el sufragio a quienes habrán de integrar dichos órganos.
Ahora bien, siempre sucede –como también está ocurriendo hoy- sobre todo en el plano nacional, que sus titulares optan por independizarse del partido político por el cual obtuvieron la banca o lo que es más grave aún, se cambian y alinean a otro partido.
La cuestión en este caso es si deben dejar la banca, vale decir, renunciar y devolverla al partido por el cual la obtuvieron o si por el contrario, deben desempeñarla durante todo el período para el cual fueron elegidos.
La cuestión no está clara. Si bien no hay nada que obligue en primera instancia a la devolución de la banca a sus titulares, sí hay caminos intrincados y complejos para destituir a los electos, si han cometido determinadas infracciones o si tiene cuentas pendientes con la Justicia y sólo por determinada cantidad de votos, es posible esta destitución.
Es un tema muy delicado, porque en otras épocas incluso se intentó por este medio quitar las garantías y los derechos a los legisladores, que están protegidos –a nivel nacional – por los fueros parlamentarios para cargarles determinados delitos, sin las pruebas que exige la justicia.
Conocemos casos en que las personas dejan su partido y devuelven las bancas, pero son los menos. La enorme mayoría, incluso en nuestros días opta por seguir ejerciéndolos mientras pueden.
En realidad se trata de un tema ético. A simple vista parece bochornoso para cualquier representante político haber sido electo por un partido y pasarse a otro.
Cambiar de equipo sobre la marcha, como se denomina en la jerga popular, aparece a la vista de mucha gente como una traición, aunque el sistema electoral no lo considere así.
Pero difícilmente un partido reclamante de las bancas que le han sido quitadas de alguna forma, haya rechazado la incorporación de un legislador que desde la oposición a su partido “pida pase” para incorporarse al suyo.
Los hechos indican que ha habido pases en todos los sentidos, por lo tanto es un tema de todo el sistema y no de algún partido o en algún caso puntual.
Seguramente algo para analizar y definir con independencia de cualquier caso puntual.