Cuestión de ética

En estos días llegó a nuestras manos una publicación nacional, orientada a los jóvenes y editada mayoritariamente por personas de su misma generación.
Más allá de sus puntos de vista, nos llamó la atención, en primer lugar el léxico. El uso de términos que para la gente de nuestra generación resulta “escandaloso” y si alguien insinuara en usarlos en un medio de comunicación masiva, sería tachado de atrevido, irrespetuoso y quien sabe cuantas cosas mas y difícilmente se le permitiría hacerlo, al menos en los medios mas “tradicionales”
Sin embargo hoy -redes sociales mediante – su uso al menos en estos medios es cotidiano.
No ocultamos que en nuestra generación -la que integramos quienes peinamos canas, sería impensable usar libremente palabras como “mierda”, “culo” y otras mas “densas”. Sin embargo hoy muy pocas personas incluso de nuestra generación se escandaliza cuando se encuentra con estos términos.
Es más, si entramos en una publicación de la denominada “madre patria”, es decir España, nos encontraríamos con términos muchos mas pesados, sobre todo en el ámbito cultural y juvenil.
¿Qué lectura podemos hacer de esta realidad?
En primer lugar, nos recuerda una frase muy repetida en Brasil “morrendo y aprendendo”
Lo que seguramente hoy nadie o muy pocos son los que ven en el uso “descarado” de estos términos a nivel masivo, un atrevimiento.
Detrás de este lenguaje y de esta forma de comunicación de los más jóvenes, tenemos que admitir que hay mucho más autenticidad, porque estos términos siempre   existieron y siempre hubo ámbitos en los que se usaron, aunque nunca en medios de comunicación masivos.
Siempre fueron reservados para ámbitos “íntimos” o lugares donde  los interlocutores compartían su utilización.
Hoy estos jóvenes -que no son todos – son al menos más auténticos, se muestran menos hipócritas y aún a riesgo de exageraciones, que las hay, nos han sacudido la modorra y obligado a transparentar mas situaciones y terminologías que antes se escondían bajo el ámbito de la intimidad.
Debemos admitir que no compartimos “todo”, lo que leemos en cuanto a los términos usados, pero sí entendemos que hay detrás un viento favorable hacia la ventilación de acciones que deben manejarse en el oscuro mundo del secretismo.
Como en todo aspecto ético, entendemos que la cuestión es ir mejorando, caminando hacia la transparencia de nuestras acciones y de nuestro accionar para lograr una sociedad más justa y menos hipócrita.
Alberto Rodríguez Díaz

En estos días llegó a nuestras manos una publicación nacional, orientada a los jóvenes y editada mayoritariamente por personas de su misma generación.

Más allá de sus puntos de vista, nos llamó la atención, en primer lugar el léxico. El uso de términos que para la gente de nuestra generación resulta “escandaloso” y si alguien insinuara en usarlos en un medio de comunicación masiva, sería tachado de atrevido, irrespetuoso y quien sabe cuantas cosas mas y difícilmente se le permitiría hacerlo, al menos en los medios mas “tradicionales”

Sin embargo hoy -redes sociales mediante – su uso al menos en estos medios es cotidiano.

No ocultamos que en nuestra generación -la que integramos quienes peinamos canas, sería impensable usar libremente palabras como “mierda”, “culo” y otras mas “densas”. Sin embargo hoy muy pocas personas incluso de nuestra generación se escandaliza cuando se encuentra con estos términos.

Es más, si entramos en una publicación de la denominada “madre patria”, es decir España, nos encontraríamos con términos muchos mas pesados, sobre todo en el ámbito cultural y juvenil.

¿Qué lectura podemos hacer de esta realidad?

En primer lugar, nos recuerda una frase muy repetida en Brasil “morrendo y aprendendo”

Lo que seguramente hoy nadie o muy pocos son los que ven en el uso “descarado” de estos términos a nivel masivo, un atrevimiento.

Detrás de este lenguaje y de esta forma de comunicación de los más jóvenes, tenemos que admitir que hay mucho más autenticidad, porque estos términos siempre   existieron y siempre hubo ámbitos en los que se usaron, aunque nunca en medios de comunicación masivos.

Siempre fueron reservados para ámbitos “íntimos” o lugares donde  los interlocutores compartían su utilización.

Hoy estos jóvenes -que no son todos – son al menos más auténticos, se muestran menos hipócritas y aún a riesgo de exageraciones, que las hay, nos han sacudido la modorra y obligado a transparentar mas situaciones y terminologías que antes se escondían bajo el ámbito de la intimidad.

Debemos admitir que no compartimos “todo”, lo que leemos en cuanto a los términos usados, pero sí entendemos que hay detrás un viento favorable hacia la ventilación de acciones que deben manejarse en el oscuro mundo del secretismo.

Como en todo aspecto ético, entendemos que la cuestión es ir mejorando, caminando hacia la transparencia de nuestras acciones y de nuestro accionar para lograr una sociedad más justa y menos hipócrita.

Alberto Rodríguez Díaz