Cuidemos el agua

El pasado viernes 22 del corriente, en nuestro país se conmemoró el Día Mundial del Agua. Esto significa que no sólo se trata del agua dulce, sino del agua en general y esto incluye a los mares y los océanos de agua salada.
Y este es uno de los puntos más preocupantes de nuestros días, porque el estado del agua en general es un indicador inexorable del camino que está recorriendo la humanidad. Uno de los aspectos más destacados en este sentido es la riqueza de la flora y fauna que tenían otrora y hoy se ve totalmente amenazada, desde los peces, otros animales y la flora de la cual se alimentan en muchos casos. Uruguay tiene uno de los índices más elevados de saneamiento y esto significa de comodidad y buen nivel de vida para sus habitantes. Pero al mismo tiempo esto se contrapone con el tratamiento que le damos a las agua residuales, las que en buena medida se vuelcan “en crudo” a los ríos y éstos las transportan a los mares y océanos. Mucho tiempo hace que se ha denunciado que los detergentes que prácticamente se usan en todas las cocinas y los baños de nuestros días constituyen uno de los aspectos más negativos y generadores de contaminación de las aguas.En toda la región se da el mismo problema, gran parte del agua dulce de ríos y arroyos se va por el saneamiento, porque la usamos en el baño, como transporte en una demostración del más absoluto derroche, pues es agua en la que se ha gastado buenos recursos en potabilizarla y luego la volcamos sin ningún escrúpulo a las cañerías del saneamiento.
No ignoramos que se trata de un tema bastante delicado, porque usar otro tipo de agua requeriría de una infraestructura paralela y seguramente muy costos, pero hay que saber que esto es un derroche y el agua dulce es finita.El maltrato al agua dulce no termina allí porque las “famosas” cianobacterias (que en realidad son nuestras conocidas algas cuya presencia se ha denunciado hace muchos años), son producto también del maltrato que hacemos del agua.El exceso de fósforo y nitrógeno que se usa a troche y moche para la producción agropecuaria fundamentalmente deja como residuos estas algas que se crían y multiplican y han llegado para quedarse, no porque sean inherentes a las aguas, sino que son producto de nuestro desorden y de nuestros abusos que seguramente nos dejarán secuelas lamentables. A.R.D.